Veracruz parece tener todo lo que la industria de reuniones suele buscar. Un World Trade Center con vocación para grandes congresos, una oferta hotelera consolidada, conectividad terrestre con buena parte del país, aeropuertos, gastronomía reconocida, historia, cultura y ciudades capaces de complementar la experiencia de cualquier visitante. Sobre el papel, pocos destinos mexicanos reúnen tantos atributos. Sin embargo, basta revisar las conversaciones de la industria para descubrir una realidad distinta: Veracruz aparece mucho menos de lo que cabría esperar.

La explicación más sencilla sería pensar que hace falta infraestructura. De hecho, esa fue la primera respuesta que recibimos. Para Igor Roji, secretario de Turismo de Veracruz, la decisión que puede cambiar el futuro del estado ya está tomada: la ampliación y modernización del World Trade Center Veracruz. Durante esta conversación confirmó además que el proyecto vuelve a avanzar, con la obra próxima a asignarse y los terrenos para la ampliación ya adquiridos. José Tomás Méndez, presidente de CANACO Servytur Veracruz, comparte esa visión. Un recinto con mayor capacidad —afirma— permitirá atraer congresos más grandes y convertirse en un detonador para la economía regional.

Hasta ahí, la historia parecería bastante clara. Pero dejó de serlo cuando otras voces comenzaron a responder exactamente la misma pregunta.

Marinka Abud, directora comercial del World Trade Center Veracruz, no empezó hablando del edificio. Empezó hablando de competir. Propuso una política permanente de captación de congresos, un fondo especializado para apoyar candidaturas, inteligencia comercial y una oficina dedicada exclusivamente al bidding. Su argumento parte de una idea sencilla: los destinos líderes no esperan a que los congresos lleguen; salen a buscarlos.

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Sin conocer esa respuesta, Yesica Sánchez, directora de PROMOTUVER Congresos & Convenciones DMC, llevó la conversación hacia un terreno completamente distinto. A su juicio, Veracruz necesita algo menos visible que un nuevo recinto: una visión compartida entre gobierno, iniciativa privada, academia y organismos empresariales. «Más que competir entre nosotros, debemos competir como destino», resume.

La coincidencia volvió a aparecer en las respuestas de Abigail Guzmán, presidenta de CANIRAC Veracruz, y de Aída Aguirre, gerente de Ventas de Galería Plaza Veracruz de Grupo Brisas. Ambas hablaron de coordinación, continuidad y trabajo conjunto. Ninguna cuestionó la importancia de ampliar el World Trade Center. Lo que plantearon fue algo diferente: un destino difícilmente cambiará su posición en el mercado si cada uno de sus actores continúa avanzando por separado.

Fue entonces cuando este ejercicio dejó de ser un artículo sobre Veracruz. Se convirtió en una pregunta para toda la industria.

Durante años hemos aprendido a medir la competitividad de un destino por el tamaño de sus recintos, el número de habitaciones o la belleza de sus atractivos. Sin embargo, los destinos que hoy lideran la captación internacional de congresos llevan tiempo compitiendo con otras herramientas: inteligencia de mercado, estrategias permanentes de candidaturas, colaboración entre sectores y organismos especializados capaces de salir a buscar los eventos antes de que otro destino los gane. Ésa es, precisamente, la lógica que desde hace años promueven organizaciones internacionales dedicadas a la industria de reuniones.

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Visto desde esa perspectiva, quizá Veracruz no esté enfrentando un problema de infraestructura. La ampliación del World Trade Center puede convertirse en una extraordinaria noticia para el estado. La pregunta es qué ocurrirá al día siguiente de inaugurarla.

¿Existirá una estrategia permanente para llenar ese recinto durante los siguientes diez años? ¿Habrá una política capaz de competir por los congresos que hoy están eligiendo otros destinos? ¿Trabajarán gobierno, empresarios, hoteles, universidades y organismos bajo una misma visión?

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Curiosamente, ninguna de esas preguntas surgió de Panorama Turístico. Estaban escondidas dentro de las respuestas que dieron quienes conocen Veracruz desde distintos ángulos. Y quizá ése sea el hallazgo más importante de este ejercicio.

No que Veracruz necesite un recinto más grande. Tampoco que necesite mayor coordinación. Lo verdaderamente interesante es que, cuando se escucha con atención a quienes viven el destino todos los días, la conversación deja de girar alrededor de la infraestructura y comienza a girar alrededor de la competitividad.

Tal vez ahí se encuentre el verdadero desafío. Porque construir un recinto puede tomar unos cuantos años. Construir un destino capaz de competir de manera permanente exige algo mucho más complejo: una estrategia que sobreviva a las administraciones, una industria que aprenda a trabajar como una sola y la decisión de salir a disputar los congresos antes de que alguien más los haga suyos.

Quizá ésa sea, al final, la conversación que Veracruz lleva demasiado tiempo esperando.

Una respuesta a «Veracruz y el desafío de convertir potencial en liderazgo»

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