Cuando el Mundial llegó a México, buena parte de la conversación giró alrededor de una expectativa: hoteles llenos, ocupaciones históricas y una derrama económica sin precedentes. Unos días después, la discusión ya no es esa. Las cifras presentadas por la Asociación Nacional de Cadenas Hoteleras (ANCH), la Asociación Mexicana de Hoteles y Moteles, STARC y la Asociación Mexicana de Hoteles de Nuevo León, A.C. dibujan un panorama más complejo y, sobre todo, más interesante.
La primera conclusión es clara: el incremento extraordinario en la ocupación que muchos esperaban no ocurrió. Los representantes del sector coincidieron en que los hoteles registraron un comportamiento muy similar al del año anterior, con picos importantes durante los días de partido, especialmente cuando jugó la Selección Mexicana, pero sin que ello modificara de manera sustancial el promedio mensual.

Jorge Paoli, presidente de la ANCH, atribuyó parte de la diferencia entre las cifras difundidas por la industria y las presentadas por las autoridades a cuestiones metodológicas. Explicó que podría existir una confusión entre la ocupación alcanzada en los días de mayor demanda y el promedio de todo el mes, además de posibles diferencias en las fuentes de información utilizadas.
Las propias cifras presentadas durante la conferencia ayudan a entender esa realidad. En Guadalajara, por ejemplo, la ocupación hotelera llegó a superar el 90% el día que jugó México, mientras que el promedio de los días con partidos rondó el 77%. En la Ciudad de México también hubo jornadas con niveles superiores al promedio mensual. Es decir, el Mundial sí generó momentos de alta demanda, pero no el comportamiento sostenido que muchos anticipaban. Sin embargo, reducir el balance del Mundial únicamente a la ocupación sería quedarse con una parte muy pequeña de la historia.

Otro fenómeno llamó poderosamente la atención: las tarifas promedio crecieron de manera significativa en las tres ciudades sede, tanto en hoteles como en plataformas de renta vacacional. Al mismo tiempo, estas últimas registraron niveles de ocupación ligeramente superiores a los de la hotelería tradicional, consolidando un papel que hoy resulta imposible ignorar dentro de la oferta de alojamiento para grandes eventos internacionales.

Ese comportamiento reavivó el debate sobre la regulación de las plataformas. Para Jesús Nader, presidente de la Asociación de Hoteles de Nuevo León, la discusión no gira alrededor de prohibirlas, sino de establecer condiciones mínimas de competencia. Recordó que un hotel formal debe cumplir cerca de 200 requisitos para operar y sostuvo que las rentas vacacionales deberían comenzar, al menos, por contar con el Registro Nacional de Turismo, los permisos de uso de suelo correspondientes y la autorización de las comunidades donde operan.

Jorge Paoli añadió otro ingrediente a esa discusión al señalar que la regulación enfrenta una creciente resistencia jurídica, al asegurar que Airbnb impulsa estrategias legales para frenar diversas iniciativas regulatorias en distintos estados del país.
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Pero quizá la reflexión más relevante de la conferencia vino de Francisco Madrid, director de STARC, quien invitó a mirar el Mundial desde una perspectiva distinta. A su juicio, el negocio inmediato no alcanzó las expectativas que se habían generado meses antes. No obstante, sostuvo que el mayor ganador fue México como destino.

Después de varios años sin una estrategia robusta de promoción turística internacional, el país volvió a colocarse frente a millones de personas alrededor del mundo. La organización del torneo, la operación de las ciudades sede y la experiencia que vivieron miles de visitantes fortalecieron la imagen de México como anfitrión de grandes eventos.
En esa misma línea, Miguel Ángel Fong, presidente de la Asociación Mexicana de Hoteles y Moteles, recordó que miles de visitantes extranjeros regresaron a sus países con una percepción positiva del destino. Destacó que la seguridad, uno de los temas que más preocupaban antes del torneo, terminó convirtiéndose en uno de los aspectos mejor evaluados por quienes visitaron México.

Sin embargo, Fong también lanzó una advertencia que trasciende al propio Mundial. Organizar exitosamente un evento de esta magnitud genera visibilidad; convertir esa visibilidad en nuevos viajeros requiere promoción. Y ahí, dijo, el país enfrenta una asignatura pendiente por la limitada disponibilidad de recursos para mantener viva esa exposición internacional.
Quizá ese sea el verdadero legado que dejó el Mundial para la hotelería mexicana. No demostró que bastara con organizar un gran evento para llenar hoteles. Demostró que los beneficios de un acontecimiento de esta escala dependen tanto de la operación durante el torneo como de la estrategia que se construya después. También confirmó que las plataformas de alojamiento forman parte de una nueva realidad que exige reglas claras y condiciones de competencia más equilibradas.
Al final, el Mundial dejó una pregunta más importante que cualquier porcentaje de ocupación. México ya demostró que puede recibir al mundo. El siguiente desafío consiste en convertir esa experiencia en una ventaja competitiva permanente para el turismo y la industria hotelera. Esa conversación apenas comienza.





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