Nuevas generaciones, inteligencia artificial, otras formas de aprender y una mirada distinta sobre el impacto de los eventos atraviesan al CNIR 2026, mientras la industria de reuniones se pregunta cómo evolucionar sin dejar atrás el valor de las personas.

Luis Díaz recuerda una época en la que llegar al Congreso Nacional de la Industria de Reuniones significaba encontrarse con muchas caras conocidas, cuando prácticamente todos sabían quién era quién. Hoy sucede algo distinto: aparecen nuevos profesionales, se incorporan jóvenes y conviven generaciones que no necesariamente entienden de la misma manera el trabajo, la tecnología, los negocios o incluso la forma de vivir un evento. Para el presidente del Consejo Mexicano de la Industria de Reuniones (COMIR), esa transformación es una buena noticia. Para quienes organizan el CNIR, también representa un desafío.

Del 9 al 12 de septiembre, Querétaro recibirá la XXXII edición de un Congreso que espera superar los 800 asistentes y que este año decidió mover varias de sus piezas. Habrá ocho talleres especializados integrados al programa, un espacio diseñado específicamente para CEO y propietarios de empresas, conferencias magistrales, formatos que buscan romper con la exposición tradicional, una Expo comercial, actividades de networking y, por primera vez, un país invitado: Costa Rica. Pero detrás de esa agenda aparece una conversación bastante más amplia sobre el momento que vive una industria obligada a revisar cómo trabaja, cómo forma a su gente, cómo incorpora tecnología y hasta qué entiende hoy por un evento exitoso.

El cambio generacional es uno de los asuntos que están empujando esa revisión. Carlos Pérez, presidente de PCOMM México y coordinador del área de contenidos del CNIR, lo llevó a un terreno cotidiano: la industria se construyó durante mucho tiempo con profesionales acostumbrados a jornadas capaces de comenzar a las tres de la mañana durante un montaje, continuar a las siete con un registro y prolongarse hasta la noche con el traslado de asistentes a una cena. Las nuevas generaciones, explicó, buscan un equilibrio distinto entre la vida personal y laboral, en un entorno donde además han cambiado las políticas y los derechos laborales. Para una actividad cuya operación difícilmente cabe en horarios convencionales, encontrar ese equilibrio comienza a modificar la manera de integrar equipos, organizar eventos y entender el propio trabajo.

Miguel Cruz, director del CNIR, añadió otra dimensión al fenómeno. Actualmente pueden coincidir cuatro y posiblemente cinco generaciones entre quienes toman decisiones, trabajan en las empresas y participan en los eventos. No todas reciben información igual ni utilizan los mismos canales. Las audiencias más jóvenes se han acostumbrado al consumo rápido y obligan a pensar de otra manera la comunicación. El reto, entonces, no consiste solamente en reunir generaciones diferentes en un mismo recinto, sino en conseguir que una experiencia sea capaz de hablarles a todas.

Miguel Cruz destaca el networking y las oportunidades de negocio que ofrecerá el Congreso

Parte de esa reflexión llegó directamente al diseño académico. Los talleres que en otras ediciones funcionaban como actividades previas al Congreso entrarán este año al programa formal. Serán ocho, dirigidos a diferentes segmentos y necesidades, con temas como sustentabilidad, DMC, patrocinios, pymes, destinos, tecnología e inteligencia artificial. El dedicado a pequeñas y medianas empresas parte de una realidad frecuente en el sector: muchas son compañías familiares que crecieron haciendo eventos, pero no siempre tuvieron oportunidad de detenerse a revisar su estructura, diagnosticar sus procesos y prepararse para escalar.

También habrá un espacio para CEO, creado después de identificar que un programa capaz de atender áreas operativas, comerciales, administrativas y de producción podía dejar fuera conversaciones dirigidas específicamente a propietarios, socios y directores generales. Terry Gutiérrez, Denise Goldberg y Daniel Marcos participarán en ese bloque con distintas aproximaciones al liderazgo, la construcción de equipos y el crecimiento empresarial.

La forma de presentar los contenidos también está cambiando. Pérez utilizó la imagen de los festivales de música para explicar un programa con distintos stages, donde cada participante podrá dirigirse hacia la conversación que más le interese. El Salón Disruptivo experimentará con formatos que se alejan de la conferencia convencional y hasta llevará al terreno de los eventos la dinámica de aquellos programas de televisión en los que alguien elegía pareja sin verla: wedding planners deberán hacer match con destinos, recintos o haciendas a partir de lo que escuchen de ellos.

“Cada año tenemos que inventar, reinventarnos”, reconoció Pérez. No es una tarea menor cuando el público al que se pretende sorprender está formado precisamente por profesionales que diseñan experiencias para otros.

La inteligencia artificial atraviesa inevitablemente esa reinvención, aunque el comité académico ha procurado que no termine apropiándose del Congreso. Habrá especialistas, talleres y conferencias alrededor de la tecnología, pero la discusión que surgió durante la presentación del CNIR fue menos sobre herramientas específicas y más sobre la relación que las personas y las empresas están construyendo con ellas.

Luis Díaz comparte la visión de COMIR sobre la evolución y futuro del CNIR

Díaz habló de la posibilidad de crear “eventos más inteligentes, experiencias más humanas” mediante tecnologías capaces de hacer más eficientes el movimiento de personas, la logística, la operación y la respuesta a los clientes. Su advertencia para las empresas fue anterior incluso a la elección de cualquier plataforma: primero hay que sentarse con los equipos, documentar lo que ocurre en producción, operación y comercialización y construir procesos claros. Sólo entonces, sostuvo, será posible identificar qué herramientas pueden potenciarlos.

A pregunta expresa de Panorama Turístico sobre cuál es el cambio que hoy está transformando a fondo a la industria de reuniones, Pérez llevó la inteligencia artificial a otro terreno. Si profesionales y agencias recurren a ChatGPT y otras plataformas y comienzan a obtener redacciones, conceptos o resultados parecidos, la tecnología deja de ser por sí misma un diferenciador. Lo que vuelve a adquirir valor es aquello que una propuesta puede aportar desde las personas y que consiga que un cliente la prefiera frente a otra.

“¿Dónde está el valor humano que haga que los clientes hoy decidan por tu proyecto? Ese sigue siendo el reto más importante: que nuestra industria no se deshumanice.”Carlos Pérez, coordinador del área de contenidos del CNIR

En un mensaje dirigido posteriormente a los lectores de este medio, Pérez profundizó en la misma idea: la inteligencia artificial será cada vez más importante para diseñar experiencias, pero los seres humanos tendrán que conservar el dominio sobre ella para mantener la capacidad de personalizarlas. La tecnología entra así al CNIR no sólo como una promesa de eficiencia, sino como una pregunta sobre qué parte del trabajo seguirá haciendo diferente a una empresa, a un profesional o a un evento.

Los negocios conservarán, por supuesto, un lugar central. La Expo estará abierta el 10 y 11 de septiembre con destinos y empresas mostrando sus servicios, mientras distintas actividades buscarán propiciar contactos entre profesionales. Costa Rica llegará además como el primer país invitado en la historia del Congreso, interesado particularmente en acercarse a PCO, organizadores y empresas mexicanas que realizan eventos fuera del país. Su participación incluirá presencia en el programa y la oportunidad de presentar sus capacidades ante una comunidad capaz de generar negocio internacional.

Los jóvenes, en cambio, comenzarán a tener una plataforma propia. El encuentro de estudiantes que tradicionalmente se realizaba dentro del programa académico no estará esta vez en el CNIR. La razón no es su desaparición, sino el desarrollo de un Congreso específico para ellos, previsto para el 6 y 7 de noviembre en Expo Santa Fe junto con CONECA. La decisión adquiere mayor sentido frente a la preocupación expresada por los organizadores de acercar a quienes comienzan a incorporarse a una industria que necesita preparar su relevo.

Hay otra transformación que quizá resulte menos visible durante los cuatro días del Congreso, pero que sus organizadores colocaron entre las prioridades de esta edición. La sustentabilidad estará acompañada por acciones de impacto social en Querétaro, uso de proveedores y talento local, recuperación de alimentos y asesoría especializada para avanzar hacia una operación sustentable del encuentro. El propósito, explicó el equipo, no es únicamente reducir afectaciones ambientales, sino procurar que el evento deje también valor en la comunidad que lo recibe.

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Díaz puso el énfasis en algo que suele perderse cuando la sustentabilidad se convierte únicamente en discurso: para disminuir un impacto primero es necesario medirlo. Saber qué genera un evento permite identificar dónde intervenir y reducir progresivamente sus efectos. Esa misma lógica conduce a una discusión mayor sobre los indicadores con los que la industria ha evaluado tradicionalmente sus resultados.

Asistencia, comercialización y metros cuadrados ocupados continúan siendo relevantes. Pero cuando se le preguntó cómo debería medirse el éxito del próximo CNIR, Díaz comenzó por otro lugar: los colegas que salen satisfechos porque escucharon una buena conferencia, aprendieron algo, conocieron a alguien o volvieron a encontrarse con un profesional al que hacía tiempo no veían. Después vienen el valor comercial generado y el beneficio que recibe el destino, no solamente en términos económicos, sino también sociales.

Carlos Pérez explica los cambios académicos y nuevos formatos que tendrá el CNIR 2026

La idea de legado apareció varias veces durante la mañana. Estará dentro del programa académico, pero también surgió al hablar de sustentabilidad, del destino y del propio trabajo de quienes participan voluntariamente en la organización. No resulta extraño en un Congreso cuya historia también refleja la evolución de la industria que lo creó. Díaz recordó el momento en que COMIR asumió directamente la responsabilidad de organizar un encuentro que había crecido y necesitaba profesionalizarse, conseguir recursos, fortalecer su contenido y desarrollar una plataforma comercial y de relacionamiento acorde con su tamaño.

La decisión partió entonces de una convicción: el Congreso era demasiado importante para la industria como para dejarlo desaparecer. Había que hacerlo crecer y evolucionar. Una década después de aquella transición, la palabra crecimiento empieza a adquirir otros significados.

Querétaro recibirá en septiembre un CNIR con más contenidos, nuevas dinámicas, oportunidades comerciales y una comunidad que sigue ampliándose. Pero el desafío que sus propios organizadores colocaron sobre la mesa no termina en conseguir un salón lleno. Está en lograr que diferentes generaciones encuentren algo que les hable, que la tecnología mejore la experiencia sin uniformarla, que los negocios generen relaciones, que el destino reciba parte del valor creado y que el impacto pueda medirse para hacerlo cada vez más responsable.

Al final, después de hablar de inteligencia artificial, profesionalización, nuevas audiencias, procesos, sustentabilidad y legado, Luis Díaz eligió una manera mucho menos complicada de explicar qué le gustaría ver cuando termine el CNIR 2026: colegas que salgan contentos por lo que aprendieron, por la gente que conocieron y por aquellos con quienes pudieron reencontrarse.

Para una industria construida alrededor de reunir personas, quizá ahí siga estando lo esencial.

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