Con una estrategia que integra experiencias, nuevos mercados, conectividad y desarrollo regional, Puebla busca que el turismo genere mayor permanencia, distribuya mejor sus beneficios y fortalezca la competitividad del estado.

Durante décadas, la promoción turística giró alrededor de una misma lógica: mostrar los principales atractivos de un destino, participar en ferias, lanzar campañas publicitarias y esperar la llegada de visitantes. Hoy ese modelo resulta insuficiente. El turismo se ha vuelto más competitivo, los viajeros son más exigentes y los destinos ya no compiten únicamente por atraer personas, sino por generar experiencias memorables, distribuir mejor los beneficios económicos y construir una identidad capaz de mantenerse vigente en el tiempo.

En ese contexto, Puebla está impulsando una estrategia que rompe con varios de los esquemas tradicionales. La apuesta no consiste únicamente en incrementar el flujo de visitantes, sino en fortalecer un modelo turístico más diverso, con mayor presencia en mercados estratégicos, nuevos productos, mejor conectividad y una visión donde el desarrollo alcance a un mayor número de regiones y comunidades del estado.

Para Carla López-Malo Villalón, secretaria de Desarrollo Turístico de Puebla, ese cambio parte de una convicción: el turismo debe convertirse en una herramienta de desarrollo económico y bienestar social. Bajo esa premisa, la Secretaría ha definido tres prioridades que orientan su trabajo: consolidar a Puebla como uno de los destinos más competitivos del país, lograr que los beneficios de la actividad turística lleguen a más familias poblanas y fortalecer la coordinación con el Gobierno de México para impulsar un turismo sostenible, incluyente y con identidad.

El turismo de experiencias permite descubrir el patrimonio y recorrer los destinos de nuevas formas

Sin embargo, más allá de los objetivos institucionales, quizá la transformación más importante sea la manera en que Puebla ha decidido construir su oferta turística.

Durante muchos años, buena parte de la promoción turística en México se concentró en unos cuantos atractivos emblemáticos. Puebla decidió recorrer otro camino. Hoy la estrategia busca presentar al estado como un conjunto de experiencias integradas, donde cultura, gastronomía, naturaleza, historia, aventura y turismo comunitario conviven dentro de cuatro grandes circuitos y 24 rutas turísticas. El propósito no es únicamente mostrar más lugares, sino invitar al visitante a recorrer el territorio con mayor profundidad, permanecer más tiempo y descubrir destinos que durante años permanecieron fuera de los itinerarios tradicionales.

“Hoy hablamos de una estrategia mucho más integral y territorial. Ya no promovemos únicamente destinos específicos; promovemos experiencias, regiones completas y la enorme diversidad que ofrece Puebla.”Carla López-Malo Villalón, secretaria de Desarrollo Turístico de Puebla

Ese enfoque también modifica la forma en que el estado se relaciona con los mercados. En lugar de esperar a que el viajero encuentre a Puebla, la estrategia consiste en salir a construir oportunidades. La presencia del destino en 13 países, el trabajo permanente con medios especializados y agencias de viajes, la participación en ferias nacionales e internacionales, los roadshows y los viajes de familiarización responden a una misma lógica: estar presentes donde se construyen las decisiones comerciales que después se traducen en visitantes. A ello se suma el fortalecimiento de la conectividad aérea mediante nuevas rutas desde el Aeropuerto Internacional Hermanos Serdán, ampliando las posibilidades de acceso para viajeros nacionales e internacionales.

La estrategia tampoco limita el futuro del estado a uno o dos segmentos turísticos. La gastronomía y el patrimonio histórico continúan siendo dos de sus grandes fortalezas, pero hoy conviven con una apuesta decidida por el turismo de reuniones, el turismo deportivo, el turismo religioso, el turismo de naturaleza y el turismo comunitario. La intención es atraer visitantes con intereses distintos, capaces de recorrer más regiones del estado y generar una derrama económica que beneficie a un mayor número de prestadores de servicios.

El patrimonio cultural permanece como una de las grandes fortalezas de la oferta turística poblana

Para la industria de reuniones existe un mensaje particularmente relevante. Puebla no entiende este segmento únicamente como una oportunidad para llenar hoteles durante algunos días. Lo considera un componente estratégico dentro de un modelo turístico más amplio, capaz de fortalecer la competitividad del destino, impulsar la ocupación durante todo el año y proyectar al estado ante organizadores nacionales e internacionales. La infraestructura, la ubicación geográfica, la conectividad y la riqueza cultural aparecen como ventajas que complementan esa visión de largo plazo.

Quizá uno de los aspectos más interesantes de esta estrategia sea la forma en que redefine el concepto de crecimiento. Durante años, buena parte del éxito turístico se midió por el número de visitantes. Puebla plantea una conversación diferente. El objetivo ya no consiste únicamente en recibir más personas, sino en lograr que permanezcan más tiempo, recorran más municipios, consuman más productos locales y generen beneficios para artesanas y artesanos, cocineras tradicionales, guías, hoteleros, restauranteros, productores y pequeños prestadores de servicios. Esa visión explica el impulso al turismo comunitario, el fortalecimiento de los Pueblos Mágicos y el interés por descentralizar la actividad turística hacia regiones que históricamente habían recibido una menor atención.

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Los primeros resultados parecen respaldar esa ruta. Durante el primer semestre de 2026, Puebla recibió 8.56 millones de visitantes, registró una derrama económica superior a los 10 mil millones de pesos y alcanzó un crecimiento tanto en ocupación hotelera como en actividad turística respecto al mismo periodo del año anterior. No obstante, la Secretaría insiste en que los indicadores cuantitativos representan sólo una parte de la evaluación. El verdadero éxito, sostiene Carla López-Malo, radica en que cada vez más familias encuentren en el turismo una oportunidad para mejorar su calidad de vida.

Las experiencias locales integran visitantes, prestadores de servicios e identidad dentro de la oferta turística

La estrategia también contempla desafíos importantes. Fortalecer la conectividad, profesionalizar al sector, incorporar herramientas tecnológicas, diversificar la oferta, consolidar alianzas con empresarios, universidades, aerolíneas, municipios y comunidades, así como mantener una presencia constante en nuevos mercados, forman parte de una agenda que entiende al turismo como un ecosistema donde ningún actor puede avanzar por separado.

Resulta inevitable que en esta conversación aparezca el Tianguis Turístico 2027. Sin embargo, quizá el mayor acierto de Puebla sea no convertirlo en el centro de su estrategia. La preparación para recibir el evento forma parte de un proyecto mucho más amplio, cuyo objetivo es consolidar un destino más competitivo, mejor conectado y con una oferta turística más sólida mucho antes de que se inaugure el encuentro y, sobre todo, mucho después de que concluya.

En un momento en el que muchos destinos siguen compitiendo por atraer visitantes mediante campañas cada vez más parecidas, Puebla parece haber elegido otro camino: construir un modelo turístico donde la promoción sea consecuencia de una estrategia y no la estrategia misma. Es una diferencia sutil, pero profundamente significativa. Al final, los destinos que permanecen en la memoria de los viajeros no son necesariamente los que más se anuncian, sino aquellos que ofrecen suficientes razones para volver. Y es precisamente sobre esa idea donde Puebla parece estar construyendo su siguiente etapa.

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