Por Magíster en Accesibilidad y Organizadora Profesional de Eventos
Dra. Betina Anzilutti, CEO de Noun Eventos
Que más de 1,300 millones de personas en el planeta presentemos algún tipo de discapacidad (física, mental o sensorial), es decir, el 14,7 % de la población mundial —una de cada 13 personas—, nos convierte en la minoría más grande del mundo. En nuestro continente, esa cifra equivale a más de 85 millones de personas. En México, 8.8 millones de personas de 5 años y más viven con alguna discapacidad.
Hasta hace pocos años reinaban numerosos prejuicios sociales en torno a las bodas de personas con discapacidad. De allí que organizarlas de modo accesible e inclusivo fuera una fantasía de escasa concreción. Hoy no solo atendemos a que algún miembro de la pareja pueda presentar una discapacidad; también puede hacerlo un familiar o un invitado. De allí que la preparación de un wedding planner en este tema sea vital, pues ser inclusivo no se trata solo de poner una rampa en el acceso del salón donde se celebra la fiesta.
Si definimos como bodas accesibles aquellos eventos sociales organizados de modo tal que todos los participantes puedan disfrutar, sin importar sus condiciones físicas o mentales, debemos eliminar numerosas barreras y, sobre todo, formar verdaderas generaciones de wedding planners donde la conciencia social prime sobre todas las cosas.
Organizar una boda accesible es un proceso integral que abarca desde el diagnóstico inicial hasta la experiencia posterior al evento, incluyendo la evaluación práctica obligatoria, estándares medibles y la participación de expertos en el diseño de una experiencia que contemple desde la primera reunión entre el wedding planner y la pareja —en la que le corresponde al profesional detectar necesidades especiales de los novios o de su entorno— hasta el montaje mismo de la boda, tanto en la ceremonia como en la celebración.

Múltiples son los cuadros que pueden presentar los asistentes: usuarios de silla de ruedas, personas sordas, ciegas, con síndrome de Down o autismo, mayores de 75 años —¡no olvidar a los abuelos de los novios!— y hasta señoras embarazadas. De modo tal que un amplio abanico de situaciones e imprevistos puede vivirse en un corto lapso de tiempo.
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Para ello, aspectos tales como la ambientación —materiales y colores de pisos, paredes y techos—, las medidas y modelos de mesas y sillas, sin dejar de mencionar la vajilla, la cubertería y hasta el género del mantel, por si algún comensal posee temblores en sus manos; la altura de las barras de bebidas; el volumen de la música; el diseño de toilettes inclusivos y las rutas de evacuación son solo algunos «detalles» a tener en cuenta a la hora de planificar una boda, siempre atendiendo a la accesibilidad tangible.

¿Pero qué ocurre con la accesibilidad intangible? Es decir, con la aplicación del trato humano correcto y empático hacia la persona con discapacidad. ¿Están los wedding planners realmente preparados para afrontar cualquier contingencia relacionada con el físico o la mente de un participante con discapacidad?
Solo por poner un ejemplo: una persona con autismo que sufre un ataque de ansiedad. Montar espacios de calma (calm room) y proveer momentos «blues» también será tarea del wedding planner… siempre que sepa cómo hacerlo.
Como persona con discapacidad y entendida en la materia, he escrito la primera Certificación en Bodas Accesibles del continente porque esta industria merece que, de una buena vez, sea por y para todos. Solo si todos disfrutan podremos decir que nuestra boda es verdaderamente inclusiva.
Si eres wedding planner, especialízate en este tema y tus servicios subirán un escalón más. No es gasto, es inversión.





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