El primer Professional Exchange de PCMA México Chapter realizado fuera de México llegó a Honduras con una premisa poco común: no llevar un programa académico prefabricado, sino construirlo a partir de las necesidades que la propia industria hondureña había expresado durante meses de conversaciones previas.

El resultado fue una jornada en San Pedro Sula que reunió a profesionales de Honduras, México y Colombia para hablar de algo mucho más profundo que tendencias o herramientas: cómo convertir los activos de un destino en producto para la industria de reuniones, cómo comercializarlo y qué necesita cambiar para competir por congresos, convenciones e incentivos.

Fernando Famanía, presidente de PCMA México Chapter y CEO de ifahto WorldWide, dejó claro desde la apertura que el propósito del encuentro no era llegar a enseñar desde afuera, sino escuchar, cuestionar, aprender y construir junto con los profesionales locales. El Professional Exchange, además, alcanzó lleno total y confirmó que existía interés por abrir esta conversación.

Uno de los primeros encargados de poner orden en los conceptos fue Eduardo Yarto, quien separó turismo, industria de reuniones y turismo de reuniones para explicar por qué no todos los eventos generan desplazamiento ni todos los viajeros consumen un destino de la misma manera.

Eduardo Yarto explicó las diferencias entre turismo recreativo y turismo de reuniones

Su exposición aterrizó también una diferencia fundamental entre el visitante de placer y el participante de un evento. Mientras el primero suele decidir desde la recreación, el precio o la experiencia personal, quien organiza una reunión analiza accesibilidad, calidad hotelera, espacios, proveedores, tiempos de respuesta y capacidad operativa. Para el meeting planner, resumió Yarto, importan tres cosas: calidad, tiempo y certeza.

La conversación avanzó después hacia uno de los temas que atravesaría prácticamente toda la jornada: tener atractivos no es suficiente.

Famanía lo llevó al terreno de la creatividad y las tendencias. Su planteamiento fue directo: un evento no necesita necesariamente un “wow”; necesita un por qué. Antes de pensar en escenografía, tecnología o espectacularidad, debe quedar claro para quién se diseña, qué se quiere provocar y qué recuerdo debería permanecer después.

Storytelling, inteligencia artificial, bienestar, diseño de espacios, estímulos sensoriales y seguridad formaron parte de la conversación, pero bajo una misma lógica: las herramientas sólo tienen sentido cuando están subordinadas al propósito. Su lectura sobre Honduras fue igualmente clara: hoteles, DMC, autoridades, recintos y proveedores no pueden seguir funcionando como células separadas si quieren construir un verdadero ecosistema MICE.

Fernando Famanía abordó creatividad, propósito y conexión humana durante el Professional Exchange

En la sesión de Fernando Famanía hubo además un momento que llevó la conversación al terreno de la conexión humana. Cada participante recibió un globo de color que debía inflar e iluminar con la luz de su teléfono. Después, quienes tenían colores similares se reunieron para formar pequeños grupos. La dinámica convirtió el networking en algo diseñado, no dejado al azar, y reforzó una idea que atravesó su intervención: los eventos funcionan mejor cuando crean condiciones para que las personas se encuentren de verdad.

El viaje de incentivo tuvo su propia discusión con Andrés Torrente, de IHG Hotels & Resorts, y José Andrés Pabón, de Aviatur, moderados por Famanía. Ambos llevaron la conversación a la experiencia completa del viajero: el hotel puede abrir la puerta, pero buena parte del recuerdo se construye fuera de la habitación.

Para un mercado de incentivos, el destino necesita demostrar que puede operar, no solamente inspirar. Traslados, tiempos, capacidad hotelera, experiencias, seguridad percibida y coordinación entre proveedores forman parte de una misma decisión. También surgió una idea especialmente importante: competir no impide colaborar. Si una propiedad no puede recibir por sí sola a determinado grupo, articularse con otras puede permitir ganar un negocio que de otra manera se perdería.

La construcción de producto fue abordada por Juliana Loaiza e Ixchel García, en un panel moderado por Eduardo Yarto. La discusión cambió entonces de pregunta: en lugar de comenzar por “¿qué tenemos para vender?”, propusieron empezar por entender quién es la audiencia, qué necesita y qué resultado busca.

Eduardo Yarto modera el panel con Juliana Loaiza e Ixchel García sobre producto MICE

Una asociación profesional, una empresa y un grupo de incentivo no requieren la misma experiencia. Tampoco todo producto turístico debe ofrecerse a todos los mercados. La oportunidad, señalaron, está en identificar nichos concretos, articular hoteles, transporte, gastronomía, experiencias y proveedores, y construir propuestas específicas para cada uno.

Más tarde, Ixchel García y Emiko Toyoda, moderadas por Famanía, llevaron la conversación al mercado corporativo. El cliente cambió y también lo hicieron las personas que trabajan dentro de las organizaciones. Nuevas generaciones, equilibrio entre vida y trabajo, bienestar, pertenencia y retención de talento se han convertido en variables que también impactan la manera de diseñar reuniones y eventos.

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La inteligencia artificial apareció ahí como herramienta de apoyo para renders, presentaciones, agendas y procesos repetitivos, pero no como sustituto del criterio ni de la conexión humana. El reto, coincidieron, es dejar de confiar en que aquello que funcionó durante años seguirá funcionando de la misma manera.

Una dinámica con globos convirtió el networking en una experiencia diseñada para conectar personas

El último bloque estuvo a cargo de Juliana Loaiza, quien centró la conversación en la comercialización MICE. Su planteamiento resumió buena parte de lo discutido durante la jornada: no se trata de vender todo a todos, sino de identificar audiencias concretas, entender qué buscan y conectar las capacidades del destino alrededor de ellas. “No es lo que queremos vender, es lo que nos quieren comprar”, sintetizó. También marcó una diferencia esencial entre promoción y comercialización: la primera consigue atención; la segunda convierte esa atención en conversación y, eventualmente, en una decisión.

El cierre fue inesperadamente humano. Juliana terminó con un ejercicio de respiración que hizo que la sala bajara el ritmo y recuperara atención y presencia. Después de horas hablando de producto, tecnología, talento, comercialización y estrategia, la última experiencia del encuentro volvió al punto de partida de toda reunión: las personas.

Ese gesto también ayuda a entender lo que dejó este Professional Exchange. Honduras no necesita demostrar que tiene de todo. Necesita decidir qué quiere atraer, conectar mejor lo que ya posee y convertirlo en productos capaces de responder a mercados concretos.

PCMA México Chapter no llegó a Honduras a entregar una receta. Llegó a abrir una conversación que ahora tendrá que continuar dentro de la propia industria.

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