El Ángel del Turismo llegará por primera vez a Puebla con más de 800 postulaciones y una edición que vuelve la mirada hacia quienes convierten destinos, comunidades e ideas en experiencias capaces de transformar al turismo.

Una cocinera que comparte una receta que aprendió de su abuela. Una artesana que transforma con sus manos la identidad de su comunidad. Un guía capaz de conseguir que alguien se enamore de un destino. Un hotelero, un restaurantero, un organizador de eventos, un transportista.

Durante la presentación del Ángel del Turismo 2026 se habló de premios, nominaciones, cifras, categorías y de una nueva estatuilla. Pero hubo una idea que terminó apareciendo una y otra vez: antes que infraestructura, atractivos o estadísticas, el turismo está hecho de personas.

“El turismo no lo hacen los lugares, el turismo lo hace la gente”, resumió Karla López-Malo, secretaria de Desarrollo Turístico de Puebla, durante la conferencia de prensa realizada este miércoles 23 de septiembre en Punto México, en la sede de la Secretaría de Turismo federal. Y quizá por eso tenga sentido que, después de diez ediciones celebradas en la Ciudad de México, el Ángel salga por primera vez de la capital.

El próximo 29 de octubre, Puebla será sede de la undécima edición del Ángel del Turismo, un reconocimiento creado en 2013 para distinguir a personas, empresas, instituciones y proyectos que han contribuido al desarrollo de la actividad turística en México.

La estatuilla del Ángel del Turismo 2026 fue revelada durante su presentación oficial

La elección del estado no llega solamente como un cambio de escenario. Puebla atraviesa un momento de crecimiento turístico que López-Malo dimensionó con dos cifras: más de 12 millones de visitantes entre enero y agosto de 2026 y una derrama económica superior a 14 mil millones de pesos.

Pero inmediatamente después de pronunciarlas hizo algo que terminó definiendo buena parte de la conversación: dejó los números y comenzó a hablar de quienes están detrás de ellos.

Cocineras tradicionales, artesanas, guías, hoteleros, restauranteros, tour operadores, transportistas, emprendedores y prestadores de servicios forman una cadena que comienza mucho antes de que un visitante llegue a un atractivo turístico y continúa durante prácticamente toda su estancia. Cada uno, sostuvo la secretaria, puede convertirse en un embajador del destino.

Por eso, incluso ante las nominaciones que este año recibió Puebla en diferentes categorías del Ángel del Turismo, López-Malo evitó colocar el reconocimiento únicamente en el ámbito gubernamental.

“Cualquier reconocimiento que se gane no es para el gobierno, es para todas y todos los que trabajan día con día”, señaló.

En esa lista aparecen proyectos, empresas y representantes poblanos vinculados con hotelería, gastronomía, reuniones, emprendimiento, turismo comunitario y productos turísticos. Banyan Tree Puebla, Cartesiano Boutique & Wellness Hotel, Conexa Meetings y El Mural de los Poblanos forman parte de una representación que permite observar distintas maneras de participar en una misma actividad. La edición 2026 parece querer mirar precisamente hacia esa amplitud.

Las estatuillas del Ángel del Turismo reflejan identidad, tradición y evolución del reconocimiento

Fidel Ovando, presidente de los galardones Ángel del Turismo, informó que este año se recibieron más de 800 postulaciones provenientes de diferentes puntos de México e incluso del extranjero. Después de la evaluación realizada por el jurado y la conformación de las ternas de finalistas, el proceso entró el 16 de septiembre en su etapa de votación.

Apenas cinco días después de abrirla, explicó, se habían registrado más de 7 mil votantes. La participación permanecerá abierta hasta el 17 de octubre y posteriormente el jurado determinará a los ganadores que serán revelados durante la Noche de Ángeles.

Pero entre todas las categorías hay tres que Ovando quiso detenerse a explicar. Mérito al turismo sostenible, turismo comunitario y rural, y mérito al turismo social, accesible e incluyente adquieren especial relevancia en esta edición porque llevan el reconocimiento hacia territorios que durante mucho tiempo permanecieron fuera de los reflectores.

En el turismo comunitario, la intención es reconocer el papel que las propias comunidades pueden desempeñar en el desarrollo generado por la actividad. En materia de accesibilidad, la mirada se dirige hacia personas, proyectos, empresas e instituciones que trabajan para eliminar barreras y permitir que el turismo pueda ser disfrutado también por personas con discapacidad.

No se trata únicamente de agregar categorías. Se trata de ampliar aquello que la propia industria considera digno de ser visto. Ovando lo explicó al responder una pregunta sobre lo que el Ángel ha aportado después de diez ediciones: “Creo que sí hemos contribuido a rescatar esos proyectos que estaban invisibles para hacerlos visibles y visitados”.

Carla López-Malo y Fidel Ovando presentan la nueva estatuilla del Ángel del Turismo 2026

La frase alcanza algo más que a los premios. Porque durante años buena parte del relato turístico se construyó alrededor de destinos, hoteles, vuelos, atractivos y grandes inversiones. Todo ello continúa siendo indispensable, pero alrededor existe un ecosistema mucho mayor: comunidades, artesanos, cocineras, pequeños prestadores, emprendedores y personas cuyo trabajo también determina lo que un viajero termina recordando.

Por parte de la Secretaría de Turismo federal, Nathalie Desplas, subsecretaria de Turismo, llevó esa conversación hacia el impacto económico y social de la actividad. Informó que entre enero y julio de 2026 México recibió 59.71 millones de visitantes internacionales, 7% más que en el mismo periodo del año anterior, y 28.91 millones de turistas internacionales, un crecimiento de 4.5%.

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Sin embargo, su lectura de esas cifras volvió al mismo lugar donde había comenzado la conversación. “Detrás de cada destino hay trabajo, hay inversión, hay talento, hay comunidad y familias que encuentran en el turismo oportunidades de bienestar y de prosperidad”, afirmó.

La elección de Puebla como sede permite llevar esa idea fuera de la Ciudad de México. Para Desplas, el estado representa una combinación de identidad, comunidad, productos turísticos y capacidad para competir en mercados nacionales e internacionales.

Y mientras el reconocimiento cambia de ciudad, también cambia el objeto que recibirán sus ganadores. El artista mexicano César Menchaca, creador de las estatuillas de las últimas ediciones, presentó la pieza concebida para 2026. En años anteriores su trabajo rindió homenaje a la tierra y al agua e incorporó materiales recuperados y reciclados. Esta vez, el concepto parte de las alas. “México tiene alas”, dijo.

Fidel Ovando durante la presentación de los galardones, que este año llegarán a Puebla

La nueva pieza coloca al Ángel sobre una representación del mundo y utiliza las alas como una invitación a proyectar la cultura, las raíces, el arte y la identidad del país. Menchaca no quiso concebirla solamente como un objeto que alguien recibe después de escuchar su nombre. Para él, también representa un compromiso.

“Quiero que la pieza tenga identidad propia, que dialogue con el México contemporáneo y que al mismo tiempo conserve este espíritu que nos hace reconocibles ante el mundo”, explicó.

Hay algo particularmente apropiado en que esa transformación ocurra precisamente este año. El Ángel nació en la Ciudad de México, permaneció ahí durante diez ediciones y ahora comienza a moverse. Puebla será la primera escala de una historia que, al cambiar de territorio, también puede descubrir otras historias, otras comunidades y otras maneras de entender el turismo.

El 29 de octubre, alrededor de 400 personas se reunirán en Puebla para la Noche de Ángeles. Habrá finalistas, ganadores, empresarios, autoridades y representantes de diferentes sectores de la actividad. Pero la conferencia de prensa dejó una idea anterior a cualquiera de esos nombres.

Un destino puede tener patrimonio, conectividad, hoteles, gastronomía, recintos y atractivos. Puede sumar visitantes y medir derrama económica.

Para convertir todo eso en turismo necesita algo más.

Necesita personas.

Una respuesta a «El turismo tiene nombre y apellido»

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