Cuando la gastronomía deja de ser un platillo y se convierte en un viaje

Carne sonorense asándose al fuego entre humo y brasas durante una experiencia gastronómica tradicional

El reciente reconocimiento de National Geographic a Sonora como uno de los destinos gastronómicos recomendados para 2026 ha puesto los reflectores sobre productos que forman parte de la identidad del estado desde hace generaciones: la carne asada, las tortillas de harina, los mariscos del Mar de Cortés y el bacanora. Sin embargo, quizá la conversación más interesante no esté en los platillos ni en las bebidas, sino en la forma en que la gastronomía está comenzando a transformar la experiencia turística.

Durante mucho tiempo, el turismo gastronómico estuvo asociado a restaurantes, chefs y mesas. Hoy, cada vez más viajeros buscan algo diferente. Quieren conocer el origen de los ingredientes, recorrer los lugares donde se producen, escuchar las historias de quienes los elaboran y entender la relación entre la comida y el territorio que la vio nacer.

Ahí es donde Sonora parece estar encontrando una ventaja difícil de replicar.

Recorridos entre agaves permiten conocer el origen cultural y territorial del bacanora

La fortaleza gastronómica del estado no descansa únicamente en la calidad de sus productos, sino en la posibilidad de conectar al visitante con una cadena de experiencias que comienza mucho antes de sentarse a comer. Detrás de una carne asada aparecen los ranchos ganaderos. Detrás de una tortilla de harina aparecen los campos de trigo y las tradiciones familiares que han mantenido viva su elaboración. Detrás de un vaso de bacanora aparecen comunidades serranas, productores artesanales y una historia de resistencia cultural que permitió preservar esta bebida durante décadas.

Julio Rascón, director general de Sonora Tours, explica que muchas de estas experiencias ya forman parte de los recorridos que realizan por distintas regiones del estado. Los visitantes conocen ranchos ganaderos, degustan quesos y productos derivados de la leche, recorren pueblos rurales, visitan productores de bacanora y participan en experiencias donde la gastronomía deja de ser un elemento complementario para convertirse en protagonista.

Productores locales convierten el bacanora en una experiencia profundamente ligada al territorio

La experiencia no termina en la degustación. En las comunidades que forman parte de la Ruta del Bacanora, los visitantes conocen el proceso de elaboración, conversan con productores y descubren una actividad que genera beneficios para prestadores de servicios, familias y pequeños negocios de la región. El resultado es una derrama económica que se distribuye entre distintos actores locales y que fortalece actividades profundamente ligadas a la identidad sonorense.

Jorge Tapia, anfitrión y promotor turístico y gastronómico, considera que el reconocimiento internacional es consecuencia de un trabajo construido durante décadas. Recuerda que Sonora fue pionero en la clasificación de carne de res de alta calidad, ha desarrollado una oferta gastronómica respaldada por universidades, productores, restauranteros y cocineros, y cuenta con ingredientes que van desde los espárragos de Caborca hasta los pescados y mariscos del Mar de Cortés, pasando por la producción agrícola de los valles del Mayo, del Yaqui y de Hermosillo.

En esa riqueza también ocupa un lugar especial el bacanora. Más allá de su creciente presencia en la gastronomía y la mixología, representa una de las expresiones culturales más auténticas del estado. Durante más de setenta años su producción sobrevivió en la clandestinidad, sostenida por familias que conservaron conocimientos transmitidos de generación en generación. Hoy, esa misma tradición forma parte de una experiencia turística que conecta historia, cultura y territorio.

Esa transformación también está impulsando el trabajo de empresas y promotores que desde hace años han construido experiencias alrededor de la identidad gastronómica sonorense. Operadores como Sonora Tours, encabezado por Julio Rascón, y promotores turísticos y gastronómicos como Jorge Tapia han apostado por acercar a los visitantes a ranchos ganaderos, productores de bacanora, cocinas tradicionales y comunidades rurales donde los sabores del estado forman parte de una historia mucho más amplia que la de una simple comida.

La elaboración artesanal forma parte de las experiencias gastronómicas rurales que ofrece Sonora

Quizá por eso el reconocimiento de National Geographic resulta relevante. No porque coloque a Sonora en una lista, sino porque refleja una tendencia que comienza a observarse en distintos destinos del mundo: la gastronomía está dejando de ser un atractivo complementario para convertirse en una razón suficiente para emprender el viaje.

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Y cuando eso ocurre, la conversación deja de girar únicamente alrededor de lo que se sirve en la mesa. Empieza a incluir a productores, comunidades, tradiciones, paisajes y experiencias capaces de contar la historia de un destino a través de sus sabores.

Quizá la mejor forma de entender por qué Sonora empieza a llamar la atención de publicaciones internacionales no sea leer una lista. Tal vez sea recorrer una vinata en la sierra, compartir una carne asada en un rancho, probar una tortilla de harina recién hecha o escuchar las historias de quienes han preservado estas tradiciones durante generaciones. Porque la gastronomía sonorense no se limita a lo que llega al plato. Se descubre viajando.

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