Oaxaca no está intentando competir contra los gigantes tradicionales de la Industria de Reuniones desde la lógica habitual de metros cuadrados, cadenas hoteleras infinitas o skylines corporativos. Y quizá ahí comienza precisamente la parte más interesante de su estrategia. Mientras muchos destinos siguen apostando por infraestructura homogénea y fórmulas cada vez más parecidas entre sí, Oaxaca está construyendo algo mucho más difícil de replicar: una experiencia que solamente puede existir en Oaxaca.
La conversación con Saymi Pineda Velasco, Secretaria de Turismo del estado, y con Francisco Javier Andrés Pacheco, director general de la Oficina de Convenciones, Congresos y Eventos de Oaxaca, deja ver con claridad que el objetivo del estado no pasa únicamente por atraer congresos o incrementar cifras de visitantes. Lo que intentan construir es una lectura distinta sobre el turismo de reuniones: una donde el evento deje de ser el centro absoluto de la experiencia y el destino termine convirtiéndose en la verdadera razón por la que la gente quiere asistir.

Francisco lo resume de manera muy clara al reconocer que Oaxaca no posee todavía la infraestructura hotelera masiva que pueden presumir otros destinos consolidados de reuniones. Sin embargo, sostiene que justamente ahí aparece la principal fortaleza del estado: cultura, tradición, identidad y experiencias imposibles de replicar en otro lugar. No se trata únicamente de organizar convenciones, sino de ofrecer encuentros rodeados de gastronomía ancestral, mercados vivos, mezcal, arquitectura virreinal, comunidades originarias, artesanos, playas, montañas y una relación con el territorio que conserva autenticidad incluso en medio del crecimiento turístico.
Ese concepto atraviesa prácticamente toda la estrategia turística del estado.
“Somos el corazón cultural de México”, afirma la secretaria al explicar que Oaxaca concentra dieciséis culturas originarias y el pueblo afromexicano dentro de una diversidad territorial y humana que hoy el gobierno de Salomón Jara Cruz busca convertir en eje central del desarrollo turístico. Bajo esa lógica, el turismo comunitario se ha transformado en uno de los grandes diferenciadores del estado. Actualmente, 61 experiencias distribuidas en 45 municipios de las ocho regiones formarán parte de una guía turística diseñada para conectar a los visitantes con comunidades, guardianes del patrimonio cultural y territorios donde la experiencia turística ocurre directamente alrededor de quienes preservan tradiciones, biodiversidad y formas de vida locales.

La apuesta resulta particularmente relevante en un momento donde la Industria de Reuniones comienza a desplazarse hacia formatos mucho más experienciales. Hoy, muchos organizadores ya no buscan únicamente salones funcionales o buena conectividad aérea; buscan destinos capaces de ofrecer contexto, identidad y sentido de lugar. Oaxaca parece haber entendido que ahí existe una oportunidad enorme.
La gastronomía ocupa una posición central dentro de esa construcción. Saymi Pineda recuerda que Oaxaca forma parte del reducido grupo de siete estados mexicanos incluidos dentro de la Guía Michelin gracias a la riqueza de su cocina tradicional ancestral. Pero más allá del reconocimiento internacional, lo verdaderamente importante es la forma en que la gastronomía opera como puerta de entrada hacia la identidad del estado. Moles, tlayudas, chapulines, mercados tradicionales y mezcal forman parte de una experiencia que el visitante no solamente consume: vive.
Y el mezcal merece capítulo aparte.
Oaxaca ocupa el primer lugar nacional dentro de la denominación de origen y ha convertido esa posición en una plataforma turística completa mediante los Caminos del Mezcal y una nueva ruta denominada Caminos del Mezcal Ancestral, diseñada para integrar comunidades adicionales a la cadena de valor turística. La intención no parece limitarse a vender recorridos, sino a construir experiencias profundamente vinculadas con territorio, producción local y herencia cultural.

La biodiversidad refuerza todavía más esa narrativa. Oaxaca es el estado más biodiverso del país, cuenta con más de dieciséis áreas naturales protegidas, seis pueblos mágicos y una geografía que permite pasar de la ciudad colonial a la costa en menos de dos horas y media. Monte Albán, además, se ha convertido ya en la cuarta zona arqueológica más visitada de México, consolidando otro de los grandes pilares del estado: la capacidad de combinar patrimonio histórico, naturaleza y cultura viva dentro de una misma experiencia territorial.
Sin embargo, uno de los factores que más llama la atención en la conversación es el énfasis constante en conectividad aérea e infraestructura estratégica. Durante mucho tiempo, Oaxaca fue visto como un destino complejo logísticamente para ciertos segmentos de reuniones. Hoy, el discurso es distinto.
Francisco explica que recientemente se anunciaron tres nuevas rutas aéreas hacia el estado y considera que la conectividad se ha convertido en uno de los grandes factores de diferenciación frente a destinos emergentes como Zacatecas, Aguascalientes, Tabasco o Chiapas. La lógica es simple: antes de pensar en hospedaje o recintos, cualquier organizador necesita resolver cómo llegar.
Ese trabajo de articulación con aerolíneas y operadores comienza a reflejarse especialmente en congresos médicos, segmento que hoy representa uno de los mayores intereses para Oaxaca debido a la necesidad de traslados rápidos y eficientes. “Nadie viaja por tierra”, resume Francisco al explicar cómo el mercado actual privilegia conectividad inmediata, operación ágil y tiempos eficientes para asistentes y organizadores.
En paralelo, el estado está recibiendo inversiones multimillonarias que transformarán todavía más su capacidad turística. Más de cuatro mil millones de pesos destinados al aeropuerto de Puerto Escondido permitirán duplicar operaciones aéreas; otros dos mil millones de pesos están siendo invertidos en el Aeropuerto Internacional de Oaxaca y Asur continúa fortaleciendo la infraestructura aeroportuaria en Bahías de Huatulco.
La infraestructura de reuniones también comienza a consolidarse bajo una narrativa muy distinta a la convencional. La Oficina de Convenciones, Congresos y Eventos de Oaxaca administra actualmente cinco espacios estratégicos pertenecientes al patrimonio estatal: el Centro Cultural y de Convenciones de Oaxaca, el Auditorio Guelaguetza, el Centro Gastronómico, el Jardín Etnobiológico y próximamente el Foro Huatulco, que podría comenzar operaciones este mismo año.

A ello se suman aproximadamente 2,500 cuartos noche en hoteles de cuatro y cinco estrellas dentro de la ciudad de Oaxaca, además de una vasta red de hoteles boutique que terminan alineándose perfectamente con el tipo de viajero que actualmente busca el segmento de reuniones premium. Francisco insiste en que el turismo de reuniones siempre busca lo mejor, pero en Oaxaca “lo mejor” no se define únicamente por lujo tradicional, sino por autenticidad, diseño y carácter propio.
Esa diferencia también se percibe en el propio Centro Cultural y de Convenciones, cuya arquitectura fue inspirada en la Mixteca oaxaqueña y en los colores de Monte Albán. Frente a los grandes recintos impersonales de cristal y paredes blancas que dominan buena parte de la industria global, Oaxaca decidió construir un espacio que respira identidad local, incorporando incluso esculturas y elementos artísticos utilizados históricamente en la Guelaguetza. El resultado no es solamente un recinto funcional; es un espacio que transmite una sensación distinta desde el momento en que se entra.
Y quizá ahí está una de las claves más interesantes de Oaxaca dentro de la conversación MICE actual.
Porque el estado no está intentando que la gente viaje únicamente al congreso. Está intentando que viaje a vivir Oaxaca.

La secretaria lo explica de manera muy clara al hablar sobre la intención de fortalecer todavía más la infraestructura para reuniones, incluyendo la posibilidad futura de desarrollar otro centro de convenciones en Bahías de Huatulco, destino que ya concentra más de 150 hoteles de cadenas importantes. Pero incluso cuando habla de crecimiento, el discurso regresa constantemente a la experiencia integral: que los asistentes puedan reunirse, trabajar, viajar con sus familias, recorrer mercados, visitar sus templos, caminar por el Centro Histórico, entrar a museos, recorrer la costa, descubrir cafetales, mezcaleras, playas nudistas, pueblos mágicos y comunidades pesqueras.
La sensación es clara: Oaxaca no busca convertirse en una copia tropicalizada de otros destinos de reuniones. Busca que la industria se adapte a Oaxaca y no al revés.
Esa postura termina adquiriendo todavía más fuerza cuando Francisco lanza una frase que resume buena parte del espíritu del destino: “Oaxaca no se prepara para una foto”. La secretaria responde inmediatamente: “No”.
Y probablemente ahí se encuentra una de las mayores ventajas competitivas del estado en un momento donde buena parte del turismo global comienza a cansarse de experiencias artificialmente diseñadas para parecer auténticas. Oaxaca no necesita montar escenografías temporales para impresionar visitantes. Su identidad ya está ahí. En las calles, en los mercados, en los conventos, en los pueblos, en el mezcal, en la comida y en una cultura que no fue construida para el turismo, sino que el turismo intenta alcanzar.

