Puebla y la nueva lógica de los destinos activos

Vista nocturna del Centro Histórico de Puebla iluminado, con la Catedral de Puebla y arquitectura colonial bajo un cielo dramático

Puebla dejó de pensar el turismo como una suma de atractivos. La apuesta ahora parece mucho más profunda: construir un estado donde siempre exista una razón para viajar. Esa idea ayuda a entender por qué la conversación turística poblana comenzó a moverse más allá del patrimonio, la gastronomía o la arquitectura colonial para entrar en otro terreno: el de los destinos que buscan mantenerse permanentemente activos dentro de una industria donde la relevancia ya no se gana únicamente con promoción, sino con capacidad constante de generar movimiento.

Escuchando a Carla López-Malo Villalón, Secretaria de Desarrollo Turístico de Puebla, queda claro que el objetivo no es simplemente atraer visitantes, sino ampliar radicalmente las motivaciones para llegar al estado. Por eso la estrategia incorpora conciertos, congresos, convenciones, exposiciones, encuentros culturales, turismo wellness, eventos deportivos, experiencias comunitarias y festividades tradicionales dentro de una misma lógica económica y territorial. La intención no parece enfocarse únicamente en llenar calendarios, sino en construir un ecosistema turístico capaz de mantenerse vivo durante todo el año y para perfiles de viajero completamente distintos.

La visión tomó fuerza con la llegada del gobernador Alejandro Armenta, bajo una lectura donde el turismo dejó de entenderse exclusivamente como promoción de lugares para comenzar a operar también como detonador de actividad económica, cultural y social. A partir de esa lógica surgió un “pasaporte turístico” con más de 380 eventos distribuidos a lo largo del año, integrando entretenimiento, reuniones, cultura, deporte y experiencias locales dentro de una estrategia que intenta convertir la actividad permanente en ventaja competitiva.

Carla López-Malo conversa con Panorama Turístico durante el Tianguis Turístico realizado en Acapulco

La dimensión de la apuesta comienza a entenderse observando la diversidad de eventos que Puebla ha decidido atraer y desarrollar de manera simultánea. El estado será sede del Tianguis Turístico 2027, considerado el encuentro más importante para la industria turística mexicana; albergará partidos internacionales como México contra Ghana y Perú contra España; recibirá el Congreso Nacional Juvenil e Infantil de Charrería y prepara un Foro Internacional Cultural en colaboración con ONU Turismo y la Secretaría de Turismo federal. A ello se suman festivales patronales, proyectos gastronómicos, espectáculos masivos, encuentros culturales y eventos como Glow o la Feria de Puebla, generando una dinámica que busca evitar uno de los mayores riesgos para muchos destinos: depender únicamente de temporadas altas o de momentos aislados de visibilidad.

Y ahí es donde la conversación empieza a volverse particularmente interesante para la Industria de Reuniones.

Porque Puebla no parece estar apostando únicamente por captar congresos o convenciones de forma independiente. Lo que intenta construir es algo más complejo: un entorno donde la reunión conviva naturalmente con cultura, entretenimiento, gastronomía, identidad y experiencias capaces de extender la estancia y elevar el valor integral del viaje. El evento deja de ser el único motivo para visitar el destino y comienza a funcionar como parte de una experiencia territorial mucho más amplia.

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La diferencia importa porque el mercado también está cambiando. Hoy, muchos organizadores ya no buscan solamente infraestructura o capacidad instalada; buscan ciudades capaces de generar contexto alrededor de los encuentros. Buscan destinos donde asistentes y acompañantes encuentren algo más que agenda. En ese terreno, Puebla parece estar leyendo una transformación importante de la industria: la competitividad turística ya no depende únicamente de atraer visitantes, sino de mantener relevancia constante.

Esa lógica también ayuda a entender por qué López-Malo insiste en llevar la conversación hacia las personas.

“Lo mejor que tiene Puebla no son los lugares”, afirma. “Lo mejor que hacemos en Puebla es la calidad de nuestra gente”. La frase podría quedarse en terreno emocional si no estuviera respaldada por la manera en que el estado intenta construir su oferta turística. Talleres artesanales, glampings, cafetales, palenques de mezcal, experiencias wellness y actividades comunitarias forman parte de una estrategia donde el visitante no solamente consume destinos, sino que entra en contacto con quienes producen la experiencia turística desde el territorio.

Carla López-Malo y Fidel Ovando presentan el Ángel del Turismo 2026, que se llevará a cabo en Puebla

La lectura conecta directamente con algunas de las tendencias más fuertes del turismo de alto valor, donde autenticidad, contacto humano y sentido de lugar comienzan a pesar tanto como la infraestructura tradicional. Puebla no parece buscar homogeneizar su oferta para competir dentro de un molde turístico global; está intentando capitalizar precisamente aquello que la hace diversa. Turismo de romance, ecoturismo, patrimonio histórico, gastronomía, wellness, reuniones y cultura aparecen integrados dentro de una misma plataforma territorial que busca atraer segmentos distintos sin perder cohesión.

Quizá ahí radica una de las partes más interesantes de la estrategia poblana. Mientras muchos destinos continúan construyendo campañas alrededor de atractivos específicos, Puebla parece estar intentando operar algo más ambicioso: permanencia. La capacidad de mantenerse vigente, activa y culturalmente visible más allá de temporadas, ferias o eventos aislados.

En una industria donde la atención del viajero se fragmenta cada vez más y donde los destinos compiten no solamente por visitantes sino por relevancia sostenida, Puebla está comenzando a construir una lectura particularmente contemporánea del turismo: entender que hoy la verdadera competitividad no depende únicamente de lo que un destino tiene, sino de su capacidad para generar continuamente razones para volver.

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