Finalista a Mujer del Año en el Ángel del Turismo 2026, la presidenta de la Alianza Nacional de Guías de Turismo ha enfrentado situaciones de violencia, emergencias sanitarias y desastres naturales durante su carrera. Hoy concentra sus esfuerzos en la profesionalización de un gremio que considera fundamental para el turismo mexicano.
En una autopista, durante uno de los recorridos turísticos que operaba, Alejandra Cruz Bárcenas llegó a encontrarse frente a personas armadas con rifles de asalto. No fue la única situación de peligro que vivió en su trabajo. Recuerda también fuegos cruzados, retenes ilegales y asaltos, episodios que la obligaron a comprender que conducir un grupo de visitantes implica responsabilidades que difícilmente aparecen en la descripción habitual del trabajo de un guía de turistas.
A esas experiencias se sumaron otras crisis de naturaleza distinta: la influenza, la pandemia de COVID-19, sismos, huracanes, inundaciones y condiciones extremas de temperatura. Cada una planteaba dificultades particulares para organizar recorridos, proteger a los participantes y responder ante circunstancias que escapaban al control de quienes prestaban el servicio. Alejandra reconoce que atravesar esas situaciones transformó su manera de entender la gestión operativa y los riesgos. Aprendió a adaptarse en escenarios donde los planes podían dejar de funcionar de un momento a otro.
Su trayectoria había comenzado mucho antes de asumir responsabilidades de representación gremial. Trabajó en distintos ámbitos del turismo, entre ellos la hotelería de alta categoría, la gastronomía, las agencias de viajes y la actividad aeroportuaria. Conocer esas áreas le permitió observar la industria desde diferentes posiciones, aunque llegó un momento en que sintió la necesidad de modificar su relación con el trabajo.
La decisión que identifica como un punto de inflexión fue estudiar en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH). Después de años de experiencia en establecimientos y empresas turísticas, buscaba una actividad que le permitiera salir de lo que describe como la dinámica de las cuatro paredes. Aquella elección le ofreció mayor autonomía para organizar su tiempo y la posibilidad de ejercer su profesión de una manera distinta. También fortaleció su interés por el patrimonio cultural, un componente que hoy ocupa un lugar central en su trabajo.

Como guía de turistas, Alejandra encontró una oportunidad para acercar a los visitantes a la historia, las tradiciones y los recursos naturales de México. Esa relación directa con las personas sigue entusiasmándola. Le interesa explicar el valor de los lugares que visitan, despertar conciencia sobre su conservación y conseguir que cada recorrido deje algo más que el recuerdo de una experiencia agradable.
Con los años, esa visión comenzó a extenderse hacia quienes viven y trabajan en las comunidades receptoras. Alejandra habla de las personas que elaboran artesanías, preparan alimentos tradicionales o mantienen actividades que forman parte de la identidad de un destino. Menciona ejemplos concretos: la señora que vende nieves, quien prepara chocolate de agua, los tamales o las artesanías de popotillo. Son personas cuya actividad puede encontrar nuevas oportunidades cuando el turismo establece una relación respetuosa con el entorno local.

Para ella, el trabajo de un guía también consiste en facilitar esos encuentros y contribuir a que los beneficios económicos lleguen a quienes conservan las tradiciones. En sus respuestas reconoce que ha tenido que aprender a desempeñar esa función de una manera distinta: además de informar y acompañar visitantes, busca favorecer el desarrollo de las comunidades y su capacidad para generar ingresos a partir de sus propios conocimientos y recursos.

Esa preocupación por las personas se encuentra también en su definición del liderazgo. Alejandra considera que dirigir exige guiar, inspirar y acompañar mediante acciones concretas. Desde su perspectiva, el trabajo colaborativo requiere construir relaciones entre comunidades, autoridades y empresas turísticas, especialmente cuando los intereses y las necesidades de cada participante son diferentes. Aspira a que esas relaciones fortalezcan los destinos y permitan a sus habitantes desarrollarse con mayor autonomía.
La experiencia de operar recorridos en condiciones difíciles también influye en esa forma de trabajar. Un itinerario puede requerir cambios por cuestiones de seguridad, clima o disponibilidad de servicios; los presupuestos y los modelos comerciales deben ajustarse cuando cambian las condiciones del mercado. Alejandra considera indispensable conservar esa capacidad de respuesta, sin perder de vista a las personas que dependen de la actividad turística para obtener ingresos.
Hoy, como presidenta de la Alianza Nacional de Guías de Turismo, A. C., ha trasladado buena parte de esas convicciones a la representación del gremio. La organización trabaja por el reconocimiento y la profesionalización de los guías acreditados, una actividad que requiere conocimientos culturales, habilidades de comunicación y preparación para atender visitantes en contextos muy diversos. Su labor incluye también la defensa de mejores condiciones para ejercer el oficio y el acceso a oportunidades de capacitación.

Alejandra sostiene una posición crítica frente a los intereses comerciales que, desde su perspectiva, pueden perjudicar la formación de los profesionales. Defiende una capacitación transparente, de alto nivel y libre de monopolios. Considera que la dignidad del guía de turistas depende tanto del reconocimiento de su trabajo como de la posibilidad de prepararse y actualizarse sin quedar sujeto a intereses ajenos a las necesidades del gremio.
La relevancia de esa representación ha encontrado espacios de interlocución institucional. En 2024, la Secretaría de Turismo federal reconoció públicamente la contribución de los guías a la actividad turística durante un encuentro organizado por la Alianza que preside Alejandra. La dependencia destacó su participación en la orientación y atención de visitantes, así como su papel en la generación de beneficios económicos para los destinos. Para quienes ejercen esta profesión, ese reconocimiento forma parte de una discusión más amplia sobre las condiciones en que deben trabajar y las competencias que necesitan desarrollar.
Cuando se le pregunta qué quisiera que conocieran de su historia quienes solamente ven su cargo o sus resultados, Alejandra vuelve precisamente a ese asunto. «La razón de mi trabajo y de esta nominación a Mujer del Año es darle voz y dignidad a nuestro gremio», afirma. Su respuesta permite comprender por qué concede tanta importancia a la preparación profesional: ha conocido las dificultades del oficio desde los recorridos, en contacto con visitantes y comunidades, antes de asumir la responsabilidad de representarlo.
El próximo 29 de octubre, en Puebla, Alejandra Cruz Bárcenas llegará a la ceremonia del Ángel del Turismo 2026 como una de las tres finalistas de la categoría Mujer del Año. Su nominación reconoce una trayectoria que reúne la experiencia directa como guía de turistas y el trabajo de representación de un gremio al que busca dar mayor reconocimiento. Para ella, la oportunidad de recibir el galardón está estrechamente ligada a esa causa: que los guías de turistas sean valorados por su preparación, por las responsabilidades que asumen y por su contribución al turismo mexicano.
Nota: A las tres finalistas de la categoría Mujer del Año les extendimos la invitación para aceptar una entrevista, y las estamos publicando en el orden en que han ido respondiendo.






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