Guadalajara, Puerto Vallarta, Costalegre y el interior del estado no necesitan competir por el mismo evento. La estrategia adquiere sentido cuando cada territorio reconoce su escala, vocación y función dentro de una propuesta común.

Jalisco no necesita que un organizador elija entre un congreso en Guadalajara, un incentivo frente al Pacífico, una sesión ejecutiva en una hacienda tequilera o un retiro entre las montañas de Mazamitla. Necesita saber en qué momento ofrecer cada posibilidad y cómo conectarlas dentro de una misma experiencia.

La diferencia parece sencilla, pero modifica por completo la manera de competir. Un estado con muchos atractivos puede limitarse a colocarlos juntos en un folleto; un sistema de destinos asigna a cada territorio una función, identifica el tipo de grupo que puede recibir y construye conexiones para que la derrama, los visitantes y las oportunidades circulen entre ellos.

Esa es la lectura que Miguel Andrés Hernández Arteaga, subsecretario de Turismo de Jalisco, y Gustavo Staufert, subsecretario de Turismo de Jalisco y director de la Oficina de Visitantes y Convenciones de Guadalajara, compartieron con Panorama Turístico. Sus perspectivas permiten observar una estrategia que rebasa la promoción de ciudades aisladas: Guadalajara funciona como núcleo; Puerto Vallarta aporta hotelería, conectividad y capacidad para atraer asistentes; Costalegre puede atender grupos pequeños de alto valor; mientras los Pueblos Mágicos y destinos del interior amplían los programas mediante naturaleza, gastronomía, historia y producto local.

El planteamiento comienza por reconocer algo que durante años numerosos destinos evitaron admitir: no todos sirven para lo mismo. Guadalajara posee la infraestructura para competir por congresos, convenciones y exposiciones de gran escala. Alrededor de Expo Guadalajara existe una cadena integrada por hoteles, recintos alternativos, transportistas, organizadores, universidades, cámaras empresariales y prestadores especializados. Su conectividad y capacidad institucional también le permiten participar en la atracción de encuentros que no necesariamente ocurrirán dentro de la zona metropolitana.

Expo Guadalajara concentra la infraestructura necesaria para recibir congresos, convenciones y exposiciones de gran escala

Staufert puso como ejemplo una competencia internacional de parapente proyectada para Tapalpa. Aunque la actividad debía realizarse en la montaña, Guadalajara intervino en la candidatura y en la articulación necesaria para llevarla al destino. El caso ayuda a comprender el sistema: la ciudad principal no tiene que concentrar todos los eventos para beneficiarse de ellos; puede utilizar su experiencia, conectividad y capacidad comercial para abrir oportunidades en otras regiones.

También puede funcionar como puerta de entrada. Un grupo podría celebrar sus sesiones centrales en Guadalajara y extender el programa hacia Tequila, Chapala, Los Altos o la sierra. Sin embargo, la posibilidad no consiste en subir a los asistentes a un autobús y añadir una excursión al final del congreso. Para generar valor, el desplazamiento debe responder al perfil del grupo y formar parte de la narrativa del encuentro.

Tequila y Los Altos ofrecen un ejemplo. La experiencia puede articular destilerías, haciendas, gastronomía, productores locales y episodios históricos como la batalla del Puente de Calderón. El recorrido deja entonces de ser una visita rápida para fotografiar una fábrica y se convierte en un programa capaz de hablar de territorio, procesos, identidad y negocios. Según Staufert, espacios vinculados con marcas tequileras ya cuentan con salones y áreas privadas donde pueden realizarse reuniones, presentaciones y actividades para grupos.

Chapala y Ajijic tienen otra vocación. La hotelería, el lago, la gastronomía, la producción regional de vino, la música y la presencia de una comunidad internacional permiten imaginar reuniones pequeñas, programas para acompañantes, retiros y experiencias de integración. Mazamitla y Tapalpa, en cambio, pueden aprovechar la montaña, las cabañas, los hoteles con salones y las actividades al aire libre para recibir convenciones de escala controlada, sesiones ejecutivas y programas de trabajo en equipo.

Ninguno sustituye a Guadalajara. La complementa.

En la costa, la diferenciación también resulta necesaria. Puerto Vallarta reúne hoteles con experiencia en grupos, un centro internacional de convenciones, conectividad aérea, DMC y una oferta social capaz de incrementar el atractivo de un congreso o incentivo. Hernández Arteaga señaló que su fortaleza no se limita a la playa: también intervienen la hospitalidad, la identidad mexicana y la capacidad de personalizar actividades para distintos participantes.

Gustavo Staufert planteó a Guadalajara como núcleo y puerta de entrada hacia el interior

Para los congresos, la infraestructura y la conectividad continúan siendo determinantes. En los incentivos, en cambio, el destino puede aprovechar con mayor profundidad su gastronomía, su historia, sus espacios naturales y el contacto con la cultura local. La misma ciudad cumple funciones diferentes dependiendo de aquello que el organizador busca conseguir.

Costalegre tampoco debería presentarse como una versión pequeña de Puerto Vallarta. Su oportunidad se encuentra en otra escala: incentivos exclusivos, lanzamientos de producto, consejos directivos y encuentros donde la privacidad, el paisaje y la personalización pesan más que la cantidad de habitaciones o el tamaño de un recinto. Intentar llevarle una gran convención debilitaría su propuesta; reconocer sus límites la vuelve más creíble.

Ahí aparece una de las condiciones indispensables para que Jalisco funcione como sistema. No basta con repartir segmentos en un mapa. Los organizadores necesitan información técnica comparable, tiempos realistas de traslado, proveedores capaces de operar fuera de las ciudades principales, propuestas integradas y una persona que asuma la coordinación cuando un programa atraviesa varios destinos.

También necesitan claridad comercial. Si Guadalajara atrae un evento que incorpora actividades en Tequila o Chapala, las oficinas, hoteles, DMC, transportistas y prestadores locales deben saber quién conduce la relación, cómo se construye la cotización y qué responsabilidades corresponden a cada participante. De lo contrario, la diversidad termina convirtiéndose en fragmentación.

El sistema tendría que funcionar como una sola puerta de entrada con varias respuestas posibles. Un organizador podría explicar el tamaño de su grupo, su presupuesto, el propósito del encuentro y las experiencias que desea producir; Jalisco tendría entonces que identificar el destino adecuado, no simplemente ofrecerle todos al mismo tiempo.

Esa selección también protege a las localidades del interior. Llevar grupos no significa reproducir en ellas el modelo de una gran ciudad ni utilizar su identidad como decoración. Significa elegir escalas compatibles, integrar prestadores locales y evitar que la mayor parte del gasto permanezca en unas cuantas empresas externas.

Miguel Andrés Hernández Arteaga explicó cómo Jalisco articula destinos con vocaciones distintas para reuniones

Hernández Arteaga relacionó esa visión con políticas de compra local y kilómetro cero. La derrama de una reunión adquiere mayor profundidad cuando alcanza a productores, cocineras, artesanos, transportistas, guías y empresas de la comunidad. El éxito no debería medirse solamente por el lugar donde se celebró el evento, sino por la cantidad de actores del territorio que pudieron participar en él.

La propuesta de Jalisco tiene, por tanto, dos movimientos. El primero lleva los encuentros hacia diferentes regiones. El segundo consigue que esas regiones entren realmente en la cadena de valor. Sin ese segundo movimiento, un congreso puede salir de Guadalajara sin dejar beneficios relevantes en el destino que lo recibe.

También será necesario medir resultados. No bastará con contabilizar municipios incluidos en una presentación ni grupos que realizaron un recorrido. Un sistema debería observar cuántos eventos fueron canalizados hacia el destino correcto, cuántas noches adicionales produjo una extensión, cuánto gasto permaneció en las comunidades, cuántos proveedores locales participaron y qué grupos decidieron regresar.

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Jalisco posee ciudad, playa, montaña, lago, Pueblos Mágicos, haciendas, tequila, gastronomía y una infraestructura consolidada para reuniones. Otros destinos también pueden enumerar atributos. Su verdadera ventaja aparecerá cuando consiga ordenarlos alrededor de una estrategia común.

La oportunidad no consiste en prometer que cualquier evento puede realizarse en cualquier lugar. Consiste en saber cuál debe llegar a Guadalajara, cuál encontrará mayor valor en Puerto Vallarta, cuál corresponde a la escala de Costalegre y cuál puede descubrir en el interior una experiencia imposible de reproducir en otro territorio.

Jalisco ofrece un sistema de destinos con respuestas distintas para cada tipo de evento. Guadalajara, Puerto Vallarta, Costalegre y el interior no compiten por parecerse: se complementan para que cada organizador encuentre la escala, la infraestructura y la experiencia que necesita. La oportunidad ya existe. Corresponde a la industria conocerla, elegirla y llevar ahí su próxima reunión.

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