Mérida presenta ante la industria de reuniones una estrategia que combina infraestructura, experiencias urbanas y cercanía humana para atraer congresos, convenciones e incentivos.
En la industria de reuniones hay algo que los organizadores saben bien: un destino no se elige solo por sus recintos o su conectividad. Se elige por la experiencia que puede ofrecerle al participante cuando termina la jornada de trabajo. Mérida parece haber entendido ese cambio de lógica y empieza a contarlo con claridad frente al mercado MICE.
Durante una presentación del destino ante profesionales del sector turístico en la Ciudad de México, el mensaje de la capital yucateca no se centró únicamente en cifras o infraestructura —aunque las tiene— sino en algo más complejo de comunicar y más poderoso de experimentar: la personalidad de la ciudad.
Cecilia Patrón, alcaldesa de Mérida, habló de una ciudad que hoy vive un momento turístico sólido. Más de diez mil habitaciones, conectividad aérea constante con las principales ciudades del país y centros de convenciones que permiten atender eventos de gran escala forman parte de la base sobre la que Mérida compite dentro del turismo de reuniones.

Pero lo que la ciudad intenta proyectar va más allá de la logística. La apuesta es que los congresos, convenciones o viajes de incentivo que lleguen a la capital yucateca encuentren una ciudad que se integre al programa del evento.
En ese punto aparece uno de los elementos que más se repitió durante la presentación: las experiencias que viven los asistentes fuera del recinto.
La ciudad ha trabajado para que espacios como el barrio de Santa Ana, el corredor de la calle 47 o el Paseo de Montejo puedan integrarse de manera natural en la agenda de quienes llegan por un congreso o convención. Caminatas nocturnas, gastronomía local, música tradicional y eventos culturales que ocurren prácticamente todos los días forman parte de esa narrativa urbana.
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Además de la narrativa cultural y urbana, la estrategia del destino también incluye incentivos concretos para los organizadores. Durante la presentación se detalló que el Gobierno del Estado, a través del Fideicomiso Público para el Desarrollo del Turismo de Reuniones (FIDETURE), ofrece apoyos específicos para quienes deciden llevar sus eventos a Yucatán. Entre ellos destacan apoyos económicos vinculados a la derrama generada en cuartos noche, descuentos en recintos propiedad del gobierno estatal, gestión de espectáculos culturales del catálogo de la Secretaría de Cultura y facilidades para acceder a zonas arqueológicas y museos administrados por el estado. A esto se suma la vinculación con proveedores locales y dependencias gubernamentales para facilitar la logística y el diseño de experiencias dentro del programa del evento.

Mérida, además, cuenta con un atributo que en los últimos años se ha vuelto decisivo para los organizadores de eventos: la seguridad. La ciudad es considerada la capital más segura de México y una de las más seguras de Norteamérica, un factor que influye directamente en la confianza de los asistentes y en la experiencia general del evento.
Sin embargo, dentro de la estrategia del destino hay un elemento que busca diferenciarlo de otros competidores del país: el vínculo humano.
Armando Casares Espinosa, director de turismo municipal del Ayuntamiento de Mérida, lo resume de manera sencilla pero estratégica. Para él, la principal razón por la que un organizador debería considerar a Mérida no está únicamente en la infraestructura, sino en la manera en que la ciudad recibe a sus visitantes.

“La gentileza de su gente es uno de nuestros principales valores”, explica. “Tenemos un pueblo realmente cálido y barrios donde el visitante puede integrarse a la vida de la ciudad. Cuando alguien llega a un evento y después vive una serenata en Santa Lucía o una vaquería en el centro, ocurre algo interesante: el turista y el yucateco se encuentran”.
Esa integración entre visitante y comunidad es parte de lo que el destino busca fortalecer en su narrativa MICE. No se trata solo de llevar asistentes a una sala de conferencias, sino de permitirles experimentar una ciudad con identidad.
La gastronomía juega también un papel importante en esa propuesta. Mérida fue reconocida por la UNESCO como Ciudad Creativa de la Gastronomía, y la cocina yucateca se ha convertido en una herramienta natural para enriquecer programas de incentivos, cenas de networking o actividades sociales vinculadas a congresos.

A esto se suma la cercanía con atractivos culturales y naturales que amplían las posibilidades del destino: zonas arqueológicas como Chichén Itzá, cenotes, playas y experiencias de turismo comunitario en las comisarías rurales del municipio.
En un mercado donde cada vez más destinos compiten por atraer eventos, Mérida parece apostar por un enfoque claro: combinar infraestructura competitiva con una ciudad que pueda sentirse.
Para los organizadores de congresos y convenciones, ese tipo de propuesta tiene una lectura simple. Un evento puede desarrollarse en un recinto, pero lo que realmente recuerdan los asistentes ocurre cuando salen de él.
