Reunirse para transformar: el mensaje que marcó el nuevo rumbo de la ATR

avier Gámez, presidente de la ATR, expone datos sobre congresos, corporativos y exposiciones durante el Desayuno de Negocios ATR en Ciudad de México

Hay momentos en los que una industria decide si quiere sobrevivir o evolucionar. El Desayuno de Negocios de la ATR no fue simplemente una agenda matutina en el Hyatt Regency Insurgentes; fue una declaración de reconstrucción. La Asociación de Turismo de Reuniones está regresando a sus bases, pero no para mirar atrás, sino para redefinir su papel en el ecosistema MICE de la Ciudad de México y del país.

La mesa estaba servida, literalmente, pero también simbólicamente. Nuevos asociados, una dinámica de integración y un mensaje claro desde la presidencia: la ATR estuvo cerca de extinguirse tras la pandemia. Javier Gámez no lo esquivó. Lo dijo con la serenidad de quien entiende el peso de las palabras. Este desayuno tuvo un propósito preciso: integrar a los asociados y reconstruir la asociación desde su esencia. Volver a las bases, explicó, significa convertirse nuevamente en el organismo que apoye a las autoridades en la atracción y atención de eventos de negocios de alto nivel, comenzando por la Ciudad de México, pero con la mira puesta en otros destinos que también requieren estrategia y acción coordinada.

La autocrítica fue aún más profunda cuando habló del discurso histórico de la industria. Durante años —reconoció— el sector ha sido “ciego” al medirse exclusivamente por la derrama económica. Cuartos noche, impacto en PIB, cifras de ocupación. Indicadores válidos, sí, pero insuficientes. Cualquier industria genera impacto económico, desde la automotriz hasta la textil. El verdadero diferencial de la industria de reuniones no está en la transacción, sino en la conexión. México emplea cerca de un millón de personas en esta cadena de valor, entre empleos directos e indirectos; pero más allá del empleo, lo que realmente se produce son 33 millones de personas conectándose cada año en eventos. Esa es la escala del intercambio humano, intelectual y científico que ocurre bajo el paraguas de congresos, convenciones y exposiciones.

Javier Gámez planteó visión estratégica para la industria MICE

Ese mensaje encontró un eco natural en la conferencia magistral de la Dra. Victoria Holtz, quien llevó la conversación hacia el terreno del liderazgo y la preparación estratégica. “Future-Ready Teams” no fue una charla sobre inteligencia artificial como herramienta tecnológica, sino como catalizador cultural. Equipos ágiles en entornos de alta incertidumbre, integración de la IA como ventaja estratégica y una analogía poderosa: el fútbol como modelo de roles claros, disciplina y juego colectivo. El futuro no se improvisa; se entrena. Y esa lógica, aplicada a la industria de reuniones, abre una conversación que apenas comienza.

El contraste fue interesante: mientras Victoria hablaba de equipos listos para el futuro, Javier planteaba el reto de que la Ciudad de México asuma su potencial real como potencia latinoamericana de congresos internacionales. Geoestratégicamente, la capital mexicana tiene ventajas evidentes: cercanía con Estados Unidos, Canadá y Europa, mercados emisores naturales. Sin embargo, la competencia no está solo en el norte. Javier hizo una reflexión poco habitual en el discurso local: la necesidad de abandonar cierta soberbia estratégica frente a Sudamérica. Ciudades como Buenos Aires han entendido la importancia de consolidarse como sede natural de congresos regionales. México, en cambio, ha concentrado sus esfuerzos en mercados altamente competidos como Norteamérica y Europa. Diversificar mercados no es una opción táctica, es una decisión estructural.

Datos, visión y liderazgo. Lo que mueve a la industria de reuniones está aquí

Pero más allá de la geografía, el desafío es metodológico. La captación de congresos internacionales no es una venta tradicional. Es un proceso técnico, largo y sustentado, que requiere capacitación, coordinación público-privada y políticas públicas alineadas. La improvisación no compite en este terreno. Aquí se gana con estrategia.

En ese contexto, la idea de “cadena de valor” adquirió una dimensión distinta. Javier propuso ir más allá del concepto económico y hablar de una cadena de confianza. La unidad no se decreta; surge del interés compartido. Cuando cada eslabón reconoce su propio valor, aparece el respeto. Del respeto nace la confianza. Y solo con confianza es posible producir eventos en los más altos niveles de desempeño. Asociaciones como la ATR, explicó, son el espacio natural para construir esa confianza, para conocerse, para validar capacidades y para asegurar que la producción completa de un evento tenga cohesión real.

Victoria Holtz impulsó equipos ágiles en la era de IA

Lo que se vivió en este primer desayuno al que Panorama Turístico fue invitado no fue un acto protocolario, sino un punto de partida. Integración interna, reflexión estratégica y una conversación que conecta liderazgo, tecnología y visión gremial. La industria de reuniones está frente a una decisión: seguir contándose en cifras o comenzar a narrarse en impacto humano, conocimiento y transformación.

En una sala donde se habló de inteligencia artificial, geoestrategia y confianza, quedó claro que el verdadero reto no es atraer más congresos por inercia, sino hacerlo con una narrativa distinta. Una narrativa donde la Ciudad de México no solo compita, sino lidere; donde la industria no solo facture, sino transforme; y donde las asociaciones no solo representen, sino articulen futuro.

La reconstrucción de la ATR parece haber comenzado por ahí: por entender que reunirse no es un acto económico, sino un acto de evolución colectiva.

Deja un comentario