En la recta final de FITUR 2026, celebrada en Madrid, Valladolid, Yucatán, y Valladolid, España comenzaron a escribir un nuevo capítulo de una historia que en realidad nunca se rompió. El anuncio del acuerdo de hermanamiento entre ambas ciudades, respaldado por el Gobierno del Estado de Yucatán a través de la Secretaría de Fomento Turístico, va más allá del protocolo y apunta a una forma distinta de entender el turismo internacional: desde la identidad compartida y la colaboración de largo plazo.
El encuentro se llevó a cabo en el stand de Yucatán y fue encabezado por el secretario de Fomento Turístico, Darío Flota Ocampo, y el alcalde de Valladolid, España, Jesús Julio Carnero García, con la participación de autoridades turísticas de ambas partes. La firma del acuerdo está prevista para mayo de 2026 y marcará el inicio formal de una alianza construida sobre vínculos históricos, culturales y simbólicos que se remontan al siglo XVI.

Valladolid, Yucatán, fundada en 1543, tomó su nombre como homenaje a la ciudad española. No es un dato menor ni anecdótico. Ese origen común —reforzado por la herencia de la Orden Franciscana y por una riqueza patrimonial y gastronómica que distingue a ambas ciudades— se convierte hoy en una herramienta de posicionamiento turístico con sentido. En un entorno saturado de destinos que compiten por atención, este tipo de alianzas permite destacar desde el relato, no solo desde la promoción.
Para el turismo, el valor de este hermanamiento no está en la foto ni en el anuncio, sino en lo que habilita. Valladolid, Yucatán, entra de manera natural en conversaciones culturales y turísticas europeas ya existentes, conectando con un viajero que busca historia viva, profundidad y experiencias con contexto. Es el tipo de visitante que cruza el Atlántico para quedarse más tiempo, explorar más y generar mayor derrama económica.
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Al mismo tiempo, el acuerdo abre la puerta a intercambios concretos: proyectos culturales conjuntos, rutas históricas, eventos temáticos, exposiciones, festivales y narrativas compartidas que pueden convertirse en productos turísticos reales. También permite el intercambio de experiencias en temas clave como la gestión de centros históricos, el turismo sostenible o la activación del patrimonio, aspectos que inciden directamente en la calidad del destino, aunque su impacto no siempre sea inmediato.

En este escenario, Valladolid, Yucatán —uno de los municipios con mayor peso económico del estado, impulsado por el turismo, el comercio y la agricultura— encuentra una plataforma internacional alineada con su identidad. No se trata de crecer a cualquier costo, sino de crecer con sentido, apoyándose en la historia para proyectar el futuro.
Lo ocurrido en FITUR 2026 confirma una evolución silenciosa pero relevante dentro de la industria turística: los destinos no solo compiten, también colaboran. Y cuando esa colaboración se construye sobre raíces compartidas, el turismo deja de ser solo flujo de visitantes para convertirse en un puente cultural, económico y humano. Valladolid y Valladolid han decidido recorrer ese camino juntos.
