La industria de reuniones ha dejado de preguntarse cómo regresar a la normalidad. En su lugar, se ha concentrado en rediseñar el futuro. Las estrategias actuales ya no giran en torno al volumen, sino al propósito. No se trata solo de reunir personas: se trata de por qué, cómo y para qué lo hacemos.
La más reciente guía internacional de tendencias, publicada por una de las empresas globales más reconocidas en gestión de eventos y hospitalidad corporativa —y considerada referencia dentro del sector MICE— lo confirma: las reuniones y los eventos ya no son una extensión logística, sino una inversión estratégica, con impacto directo en reputación, cultura corporativa, fidelización y rentabilidad. Y aunque los presupuestos siguen ajustados y la incertidumbre global no cede, las organizaciones que apuestan por eventos bien diseñados están viendo retornos tangibles.

El documento, que analiza cinco regiones clave (América Latina, Norteamérica, Reino Unido, EMEA y Asia-Pacífico), revela una verdad compartida en todos los mercados: el diseño de experiencias debe ser intencional, inclusivo, multisensorial y neurodiverso. Ya no basta con convocar: hay que conectar, transformar y dejar una huella emocional.
América Latina, en particular, destaca como una región que crece a pesar de la volatilidad. Las ciudades anfitrionas de la Copa Mundial de la FIFA están generando picos de demanda que, si se gestionan con inteligencia, podrían convertirse en polos estables para reuniones internacionales. En paralelo, se observa una búsqueda constante de destinos rentables, con alto valor experiencial, que no comprometan la calidad del evento.
En otras regiones, las estrategias también se afinan. En Reino Unido, por ejemplo, prevalece la filosofía de “menos eventos, mayor impacto”, mientras que en Asia-Pacífico el foco está en experiencias inmersivas de escala nacional. En Estados Unidos y Canadá, los sectores salud y tecnología se mantienen resilientes, con una demanda estable pese a los retos inflacionarios. Europa continental pone la lupa sobre sostenibilidad, mientras industrias como defensa y automoción marcan pauta en recuperación.
Un hallazgo clave del informe es el ascenso definitivo del diseño inmersivo y la narrativa como herramientas centrales. La ciencia del comportamiento, la accesibilidad sensorial y la neurodiversidad comienzan a modelar la manera en que se piensan los entornos de encuentro. Las pantallas y escenografías ya no bastan: los eventos exitosos son aquellos que entienden cómo se sienten, reaccionan y conectan las personas dentro del espacio.

En cuanto a destinos emergentes, el análisis señala algunas ciudades que destacan como favoritas para incentivos, reuniones y eventos internacionales en 2026. Entre ellas, Ciudad de México figura junto a Kuala Lumpur, Berlín, Scottsdale y Manchester. Esta selección no solo responde a infraestructura o conectividad, sino también a la capacidad de ofrecer contexto cultural, autenticidad y hospitalidad con propósito.
Para quienes diseñan, planifican o lideran estrategias de eventos dentro del sector turístico, esta guía es un recordatorio: el futuro no se improvisa. La creatividad ya no es un valor agregado, sino una necesidad operativa. Y la medición de resultados no se limita a encuestas de salida, sino a entender cómo cada evento transforma, alinea y genera valor.
En un entorno donde las decisiones se miden en retorno, pero también en experiencia, el mayor riesgo es seguir haciendo lo de siempre.
