La memoria tiene voz y se llama Michoacán

Grupo de bailarinas ataviadas con trajes tradicionales y maquillaje de calaveras, realizando una coreografía durante una celebración cultural en Michoacán, iluminadas por luces moradas y rodeadas de flores de cempasúchil. Ellas muestran la fuerza visual y simbólica de las tradiciones michoacanas como parte esencial del patrimonio cultural vivo del estado.

En el corazón de la Riviera Maya, donde el mar susurra historias antiguas y la selva guarda secretos rituales, Xcaret vuelve a encender el fuego de lo eterno. Del 30 de octubre al 2 de noviembre, el Festival de Tradiciones de Vida y Muerte llega a su décimo novena edición con un invitado que no sólo lleva flores en el alma, sino raíces profundas que se niegan a olvidar: Michoacán.

No es una colaboración más. Es un acto simbólico que reconecta dos cosmovisiones —la purépecha y la maya— en un mismo altar de experiencias. Por un lado, la Fiesta de las Ánimas, esa ceremonia michoacana tejida entre velas, barcas y noche; por el otro, el Janal Pixán, que en Yucatán dialoga con los muertos desde la cocina y el alma. Este año, Grupo Xcaret propone algo más que una muestra cultural: plantea un reencuentro con lo esencial, un espejo entre pueblos que se saben herederos de la misma memoria.

Roberto Monroy anuncia la presentación de Michoacán en Xcaret

En la Ciudad de México, la presentación oficial del festival reunió a voces clave de la cultura y el turismo. Roberto Monroy, secretario de Turismo de Michoacán, llegó con un mensaje contundente: el alma de México no necesita traducción. “No se entierra a los difuntos, se les siembra”, dijo, citando la filosofía purépecha. Y es que si algo distingue a este festival, es que no busca mostrar tradiciones desde la vitrina, sino permitir que hablen por sí mismas, a través de sus portadores vivos.

La delegación michoacana que llegará a Xcaret no será menor. Cocineras tradicionales que guisan con el alma, artesanos que cuentan historias con las manos, músicos y danzantes que transforman el cuerpo en rito, artistas que pintan desde la nostalgia. La K’uínchekua, el Ensamble Danaus de Morelia, la Orquesta Mintsita de Cherán y danzas como la de los Viejitos, los Kúrpites o el Pescado Blanco darán vida a esta travesía sensorial que, por cuatro días, hará vibrar a más de 50 mil visitantes.

¿Estás listo para leer lo que los líderes de la industria de reuniones en México tienen que decir? Click aquí

Leticia Aguerrebere, directora de Arte y Cultura de Grupo Xcaret, lo resume con claridad: “No es un espectáculo. Es un acto de memoria y comunidad”. Y eso es justamente lo que distingue a este encuentro: el respeto absoluto a la raíz, a la carga espiritual que implica cada altar, cada pirekua, cada flor de cempasúchil que se ofrenda sin prisa.

El festival no solo será una celebración estética. Habrá conciertos, talleres, recorridos temáticos, rituales vivos y cocina que es historia. Y como broche de oro, Los Ángeles Azules pondrán música a la nostalgia en el Foro Gran Tlachco el 2 de noviembre. El acceso al concierto, cabe aclarar, tendrá costo adicional al del festival, con preventa iniciando el 8 de agosto.

Color y tradición que narran la esencia cultural de Michoacán

Para el turismo cultural, este evento es un caso de estudio. Une turismo, identidad y sostenibilidad sin renunciar a la autenticidad. Y en tiempos donde muchas experiencias se maquillan para redes sociales, Xcaret vuelve a ser ejemplo de cómo un destino puede resistirse a la trivialización y, en cambio, convertirse en santuario de lo intangible.

La tradición no está muriendo. Está bailando. Y este año, lo hace con alas de mariposa.

Deja un comentario