MIRADA ESTRATÉGICA | El Plan México 2030 y el turismo de reuniones: entre anuncios y realidades, ¿dónde está el verdadero liderazgo?
La promesa suena potente: México quiere posicionarse nuevamente entre los cinco países más visitados del mundo. Así lo indica el nuevo Plan Nacional de Turismo 2025–2030, presentado por la Secretaría de Turismo Federal como una hoja de ruta integral para reposicionar al país como potencia turística global. Sin embargo, entre metas ambiciosas, objetivos múltiples y promesas de innovación territorial, surge una pregunta inevitable desde el mercado MICE: ¿qué lugar real ocupa el turismo de reuniones en esa ecuación?
El documento oficial reconoce al segmento como motor transversal y estratégico. Se habla de fortalecerlo mediante estrategias para captar eventos internacionales, impulsar la profesionalización en destinos emergentes, incentivar la creación de un buró nacional de convenciones y facilitar el intercambio de mejores prácticas. La intención, al menos sobre el papel, parece clara: darle al turismo de reuniones el espacio que se ha ganado en derrama, empleo y reputación país.

Pero las voces expertas no tardaron en marcar distancia entre el discurso y la realidad operativa. Eduardo Chaillo, uno de los referentes más respetados del segmento, lo expresó con claridad: «Mi frustración es desde el mercado, cuando no veo regresar a México al lugar que le corresponde, frente a competidores que nos han rebasado. Ojalá estos anuncios se conviertan en acciones reales y contagien a otros destinos».
Y es ahí donde se abren dos caminos: por un lado, el entusiasmo institucional de pintar escenarios prometedores. Por el otro, la impaciencia legítima de quienes —como destinos, OPCs, DMCs o recintos— ya no pueden esperar a que la coordinación nacional se concrete. Porque mientras se planean burós en papel, los eventos se ganan o se pierden en la cancha internacional.
La importancia de la colaboración en la industria de reuniones. Lee aquí
Hace unos días, el Estado de México dio un paso interesante con el lanzamiento del Distintivo de Destino de Reuniones, una iniciativa estatal que reconoce a municipios con vocación turística y capacidad operativa para albergar congresos, convenciones y festivales. ¿Está vinculado directamente al Plan México 2030? No. ¿Es una señal concreta de voluntad? Sí. Y como bien señaló nuestra comunidad editorial, cuando no hay coordinación federal efectiva, al menos puede haber resonancia temática. Cada acción importa si el objetivo es colectivo.
Pero no todo puede quedarse en narrativa institucional. En otro post reciente, cuando Aguascalientes se presentó en la CDMX como “El Gigante del Turismo de Reuniones”, Chaillo lanzó una observación precisa: “El potencial es indudable, dado su vibrante poderío económico… ojalá llegue de verdad a ser un gigante. Siempre es importante preguntarse: ¿comparado con quién?”.

La industria MICE necesita claridad, consistencia y continuidad. Tres cosas que no pueden comprarse con presupuesto de promoción, pero que sí pueden construirse con voluntad política, diálogo honesto y métricas compartidas. Si el país quiere estar en el Top 5 del turismo global, el turismo de reuniones no puede seguir siendo una nota al pie. Debe ser uno de los capítulos principales.
Porque en este segmento, lo que está en juego no es solo ocupación hotelera. Es posicionamiento estratégico.
