Pet friendly, motor económico que transforma ciudades y experiencias

Pareja joven toma una selfie con su perro en la playa, representando el turismo pet friendly como experiencia emocional y tendencia en crecimiento

*Por Irene Muñoz

Los animales de compañía han pasado de ser acompañantes ocasionales a convertirse en auténticos detonadores de desarrollo turístico. La apertura de espacios, productos y servicios diseñados para integrarlos no es un gesto amable: es una decisión estratégica que genera consumo, crea empleo, transforma la infraestructura urbana y diversifica la oferta del destino.

Hablar de turismo pet friendly es hablar de una industria transversal. Involucra al transporte, la hotelería, la gastronomía, el diseño, el retail, el entretenimiento, la salud veterinaria, la limpieza urbana y la comunicación. Cada vez que un destino se adapta para recibir visitantes con animales de compañía, se activa una cadena de valor que beneficia a múltiples sectores.

El crecimiento de esta industria se refleja en cifras concretas. De acuerdo con Euromonitor, la economía global relacionada con animales de compañía superó los 200 mil millones de dólares en 2024, y el segmento de viajes y experiencias fue uno de los de mayor expansión. En México, se estima que más de 30 millones de personas tienen al menos un hijo de otra especie, y una parte creciente de ellas planifica su descanso o fin de semana en función de los lugares que los admitan.

Esto no sólo genera demanda, también obliga a innovar. En la Ciudad de México, Capital Bus por ejemplo, ha entendido esta lógica con su tour «Patitas de Perro, Night Tour», en él se permite a viajeros recorrer la ciudad con sus mascotas en un autobús panorámico mientras disfrutan del alumbrado y los monumentos. Pero más allá de la experiencia estética, este producto activa un ecosistema económico, diseño de rutas, producción de amenidades, confección de atuendos para mascotas, contratación de guías especializados y consumo adicional en puntos turísticos.

Turismo nocturno con mascotas transforma la experiencia en CDMX

En Dubái, un destino asociado al lujo y la exclusividad, el turismo pet friendly también se ha convertido en una oportunidad de posicionamiento. Hoteles como Radisson RED Dubai Silicon Oasis han creado paquetes específicos para familias multiespecie: camas ortopédicas para perros, menús personalizados, sesiones fotográficas y actividades en la azotea con vistas panorámicas. En un mercado que compite por turistas exigentes, sumar a los animales de compañía es también elevar el estándar de experiencia.

En Estados Unidos, el estado de Oregón ha sido pionero en integrar a las mascotas en el enoturismo. Bodegas como Furioso Vineyards o Airlie Winery permiten recorridos con perros en espacios abiertos, ofrecen snacks gourmet para caninos y organizan eventos temáticos como el “Pup & Pinot Day”. Esto ha creado una red de servicios asociados, desde transporte hasta cuidado veterinario móvil, que impulsa economías rurales con visión contemporánea.

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En Asia, ciudades como Seúl han convertido parques, cafés, librerías y hasta cines en espacios abiertos a animales de compañía. El auge de los pet cafés temáticos no sólo responde a la demanda local, sino que atrae a turistas que buscan experiencias únicas. Incluso el metro de Seúl ha adaptado normas para permitir el transporte de mascotas pequeñas en horarios determinados, facilitando su integración al turismo urbano.

Este tipo de productos apuntan al consumo emocional, lo que permite generar lealtad, recompra y promoción orgánica en redes sociales. Además, diversifican el perfil del turista, conectando especialmente con jóvenes adultos, parejas sin hijos y personas solteras que encuentran en sus animales de compañía un vínculo afectivo prioritario. Para las ciudades, representa también una oportunidad de reposicionamiento narrativo, de ser vistas como frías o caóticas, pasan a proyectarse como amables, sensibles, modernas y adaptadas a las nuevas formas de convivencia.

Hoteles integran menús y camas especiales para mascotas viajeras

La transformación también es física. Restaurantes con menús y bebederos especiales, hoteles que ofrecen camas y kits de bienvenida para perros, parques rediseñados para paseos seguros, sistemas de transporte que integran normas de convivencia multiespecie y campañas de sensibilización para el respeto del espacio público. Cada una de estas medidas implica inversión, reglamentación, diseño urbano y capacitación. Es decir, desarrollo.

La industria pet friendly no solo humaniza el turismo. Lo profesionaliza, lo segmenta y lo conecta con una demanda creciente que busca experiencias completas, afectivas y coherentes con sus valores. La clave no está en tolerar animales, sino en entender que son parte integral de millones de familias. Y eso cambia todo.

El turismo que entiende este cambio no solo se vuelve más competitivo, es más empático, sostenible y más rentable. Porque allí donde hay una hijo de otra especie, hay también una oportunidad.


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