*Por Bettyna Benítez*
El turismo de bienestar es muy practicado en el mundo y conocido en México, pero vale la pena analizar su impacto con el objeto de darle el tratamiento especializado que cada vez más exige la industria turística actual.
La Organización Mundial del Turismo (OMT) ha definido el turismo de bienestar como “la actividad turística que aspira a mejorar y equilibrar los ámbitos principales de la vida humana, entre ellos el físico, el mental, el emocional, el ocupacional, el intelectual y el espiritual” (OMT, 2017).
Como se advierte del concepto antes citado, el turismo de bienestar es multidisciplinario y coincidente en este sentido con el turismo de salud, por lo que vale la pena establecer su principal diferencia. Mientras el turismo de bienestar atiende en forma preventiva los ámbitos principales de la vida humana, el turismo médico se dedica a la atención correctiva.

Establecido lo anterior, se debe mencionar que el turismo de bienestar se remonta al menos al sigo V a.C., en que se cuenta con evidencias que indican que la civilización romana contaba con recintos destinados baños típicos denominados balmes o balneum cuando se ubicaban en las antiguas villas romanas y thermae o therma si éstos eran públicos. En ambos casos los baños típicos se utilizaron para tratamientos corporales, purificación y rituales espirituales, entre otros, y los romanos viajaban buscando los mejores tratamientos de la época.
Desde los tiempos de Herodes, Cleopatra y Marco Antonio (siglo I a.C.) fueron bien conocidas las propiedades curativas del agua y el barro del Mar Muerto, debido a las 23 sales minerales con que cuenta -12 de las cuales no existen en otro lugar del mundo- aunado al agua que se mantiene templada todo el año, lo que desde entonces y hasta hoy, genera viajes para tratamientos de talasoterapia.
En México las evidencias de temazcales se remontan a 5 mil años. Generalmente ubicados dentro de los centros ceremoniales, los temazcales cumplían una función cosmogónica (como la entrada al más allá), así como terrenas para efectos de higiene, tratamientos posparto, religiosa y terapéutica.
Hoy el turismo de bienestar es una industria de gran importancia económica en el mundo, ya que según datos proporcionados por el Global Wellness Institute, generó 639 mil millones de dólares en 2017, derivado de 830 millones de viajes a nivel global, siendo que el turista de bienestar gasta en promedio 1,528 dólares por viaje (53% más que el turista convencional). Este segmento crece 6.5% anual, es decir, casi al doble que el turismo en general.
México se ubica en la posición 11 del Top 20 mundial en esta industria, generando 18.7 millones de viajes de bienestar al año, una derrama aproximada de 12,800 millones de dólares y 500 mil empleos directos, aunque el gasto promedio del turista wellness en nuestro país asciende en promedio a $801 dólares.
Y se preguntarán ¿porqué la industria del bienestar se ha convertido en potenciador de destinos turísticos? La respuesta es simple. En la actualidad, la gente busca un estilo de vida con bienestar, lo que ha propiciado los viajes con experiencias de bienestar, generando por consecuencia un crecimiento en la oferta de viajes de bienestar.

Hoy constituyen algunos motivos de viaje: recibir un tratamiento de control de peso, tomar un curso de nutrición, vivir experiencias culinarias (aspecto físico). Tomar una o varias sesiones de yoga, meditación o Tai Chi (aspecto mental). Realizar acciones de voluntariado, orar o tomarse tiempo a solas o con la familia (aspecto espiritual). Participar en retiros, tratamientos de reducción de estrés o life coaching (aspecto emocional). Realizar actividades de escalada, bicicleta, caminata o contacto con la naturaleza (aspecto medioambiental). Entrenar en el gimnasio, clases de fitness, pilates o stretching (aspecto social).
Lo cierto es que los destinos turísticos de bienestar definen su vocación (de wellness o salud) y se van especializando los servicios que ofrecen; generan beneficios económicos, sociales, turísticos y medioambientales, y mitigan el impacto negativo del turismo en masas.
En consecuencia, la industria turística deberá adaptarse con dinamismo a las prácticas mundiales de bienestar. Claro ejemplo son las líneas aéreas que buscan ofrecer a sus pasajeros menús saludables y espacios más amplios como Emirates Airlines; o los aeropuertos que dentro de sus instalaciones ofrecen servicios de bienestar como spas o gimnasios; o los hoteles o spas que buscan nuevas experiencias para sus clientes, así como aquellos que buscan innovar creando espacios propicios para tratamientos de bienestar a las faldas de un volcán activo y dentro de un rainforest –como es el caso del hotel Tabacón en Costa Rica- o a las faldas de los Alpes Suizos –como las termas de Leukerbad-.
*Bettyna Benítez es Socio Administrador de Esfera Turística, S.C.
@bettynabenitez
